lunes, mayo 10, 2010

Vos podés ser un "Pacino" o podés ser un "Deniro". Uno de dos.

Vos podés ser un "Pacino" o podés ser un "Deniro". Uno de dos, no podés ser los dos. De hecho vos ya sos un Pacino o un Deniro y ni siquiera elegiste, es algo que está en tu naturaleza y no lo podés evitar.

Y la verdad que a mí los Pacinos me caen para el culo.

Vos fijate que Pacino hizo un Michael Corleone (El Padrino), un Tony Montana (Scarface), un Frank Sérpico (Sérpico). Incluso hizo un Satán en El Abogado del Diablo. No caben dudas: el tipo es un auténtico crack. Ahora fijate que De Niro te hizo a un Jack Lamotta (Toro Salvaje), un Travis Bickle (Taxi Driver), un Max Cady (Cabo de miedo) o un Jimmy Conway (Goodfellas). El tipo es un jodido genio ¿Quién podría negarlo?

Ahora fijate esto, prestame atención o no vas a entender un carajo. Mientras que Pacino sólo hace películas destinadas al público exigente, cine del bueno, del pretensioso, De Niro, después de trabajar para Scorsese, después de trabajar para Brian de Palma, para Francis Ford Coppola o para Tarantino, fue y se mandó una película con Eddie Murphy (Showtime). Después, como estaba aburrido, fue y filmó una en la que hace morisquetas con Ben Stiller (Meet The Fockers). Y después fue, se sentó en una silla, y metió la voz para un dibujito animado (El Espantatiburones). La diferencia entre Pacino y De Niro, por si no quedó claro, es que De Niro hace lo que se le canta el orto, se permite cometer deslices. Deslices que Pacino jamás se permitiría. Por eso, si vos lees Borges, García Márquez y Joyce, es que sos un Pacino. Si lo mechás con el libro del Bambino, sos un Deniro. Si escuchás jazz, blues y rock sinfónico, sos un Pacino. Si tenés un CD de Cristian Castro, sos un Deniro. Si te caben Los Sopranos y Les Luthiers, sos un Pacino. Si de vez en cuando mirás a Tinelli, sos un Deniro.

Y a mí los Pacinos me caen para el culo. Porque no puede ser que no te gusten ni Tinelli, ni Cristian Castro, ni las frases del Bambino. No puede ser. Uno de los tres te tiene que gustar, aunque sea uno. Y tampoco puede ser que no te gusten el fiambrín y el salpicón primavera, para mí te estás mintiendo, decís que no te gusta porque crees que está bien decir que no te gusta, pero después me ves comer mi sandwich de fiambrín y segregás tanta baba como los perros de Pavlov.

Recapitulemos, no demos más vueltas, esto es muy sencillo: si la primera película de Francella que viste es “El Secreto de sus Ojos”, es que sos un Pacino. Y yo no te banco, primero porque te estás mintiendo, segundo, porque sos un hipócrita, y tercero, porque yo soy así, un ser sumamente intolerante que, cada tanto, tiene que odiar a alguien nuevo para que el blog no se le venga abajo. Y a mí los Pacinos me caen para el culo.

Y de todos los lugares del mundo, el lugar Pacino por antonomasia es la disquería de culto. Todavía recuerdo cuando era joven e iba a la facultad, a media cuadra había una disquería de culto, con todos los discos que no podés encontrar en un Musimundo. Como los que pesan 180 kilos y los que miden 2 metros, que tienen que comprar la ropa en tiendas especiales, también hay deformes que quieren escuchar cosas raras y tienen que comprar sus discos, sus inéditos, sus lados B, en tiendas especiales. El tipo, el de la disquería, había puesto un cartel que decía “no vendo el CD de Luis Miguel”, y estoy totalmente seguro que lo puso todo orgulloso, como quienes dicen no mirar a Tinelli con el pecho hinchado, como si fuera una declaración de principios, "soy un Pacino y a mucha honra" parecía decir. Lo odié durante 6 largos meses, un frío invierno que toleré en silencio, lleno de odio. Al tiempo cerró y pusieron un puesto de panchos que a esta altura, debió haber abierto 6 sucursales. Desde ese momento, cada vez que paso por una disquería de culto, cumplo un estricto ritual. Entro, calculo cuántos discos tiene, me acerco todo serio a la caja y le pido un disco. Un disco que sé que no va a tener. Un disco que lo ofenda, que lo obligue a comentar el hecho entre sus pares. La última vez fue este fin de semana. Caculo que esta sabandija tenía alrededor de 12.000 discos, pero no tenía Loba de Shakira. “No somos una disquerías de esas”, me dijo. No te preocupes, ya me había dado cuenta, Pacino detestable. Cuando abras el puesto de panchos te lo voy a pedir con guarnición de papas rústicas y reducción de Malbec, hijo de puta.