jueves, febrero 25, 2010

Otra vez

Te la voy a hacer corta porque estoy apurado, porque estoy falto de buenas historias, porque si esto decae, te meto otra foto del grillo ahogado y levanta de nuevo. Este posteo es, en esencia, igual al anterior. Fui al doctor y me fui corriendo. Listo, ya sabés el final.

Hacía 2 días que me picaba el ojo constantemente. Probé refregándolo, probé con colirio, probé sumergiendo la cabeza en agua (se me ocurrió que era lo mejor para lavar el ojo), todos los procedimientos habituales para calmar el picor del globo ocular. La cuestión es que me seguía picando y tenía el ojo cada vez más colorado así que fui al oculista a que me dé un veredicto, que lo extirpe, algo. El oculista resultó ser el clon de Faryd Mondragón. Igualito. Vos creerás que no viene al caso, ¿Pero tomarías lo que te recete el Mono Navarro Montoya? ¿Dejarías que Chilavert te mande a juntar orina en un potecito? ¿Ves? También sos un prejuicioso de mierda. Resumiendo, Faryd me dio vuelta el párpado, asomó un cotonete y sacó -presten atención- ¡una jodida semilla de sésamo! (si estuviera mintiendo diría que encontró una rueda de bicicleta, o el cojín de un sillón capitoné, no sé, algo más interesante). Después me quiso poner un ungüento, pero como me estaba bajando la presión me fui corriendo. Igual antes de irme le agradecí.

Bueno, eso, con un poco de suerte capaz la próxima vez se encuentren con un post menos pelotudo. Pero no sé.

jueves, febrero 18, 2010

Me cagué el día

Te la voy a hacer corta, esta historia no está tan buena, no merece más de un minuto o dos. Podría estirarla, es cierto, pero si estirara una anécdota de dos minutos hasta llevarla a, supongamos, treinta minutos, sería Andy Kusnetzoff tratando de llenar un segmento de radio con una de sus anécdotas pelotudas. Y no, ya me fijé, no soy Andy Kusnetzoff tratando de llenar un segmento de radio con una de sus anécdotas pelotudas.

El tema es así: soy un tipo prejuicioso, intolerante, me gusta etiquetar a la gente, qué sé yo, ustedes también tienen sus cosas. La cuestión es que creo que la gente con fobias es toda pelotuda. Así de simple. No me importa lo que diga Freud (ese pelado falopero), yo pienso que si le tenés miedo a las alturas, o a las arañas, si le tenés miedo a la oscuridad, o si tenés ataques de pánico, es que sos un pelotudo. Si fueras Britney Spears, Tom Cruise o Kanye West estaría bien, entonces sí te podría dar un ataque de pánico. Será que estabas aburrido, porque ya tocaste en un estadio repleto, porque ya buceaste entre tiburones albinos, o porque ya manejaste un helicóptero sobre el Himalaya y ahora no sabés qué carajo inventar para divertirte. Pero sino no. Si no tenés un Oscar, un Disco de Oro o una casa en Malibú no tenés derecho a tener una fobia. Es que sos un pelotudo.

El sábado fui a la guardia del Hospital Alemán porque me picaba todo el cuerpo. Me rasqué todo el santo día pero la picazón no pasaba. La doctora de la guardia me dijo que lo que tenía era muy raro porque no tenía ronchas ni ninguna reacción externa, que iba a tener que hacerme un examen de sangre para ver qué me pasaba. Entonces me da la orden y me voy a sacar sangre. Te la hago corta, cuando vi la jeringa casi me cago encima. Los guantes, el apoyabrazos, la banda elástica, ese plástico traslúcido que pronto estaría lleno de sangre, y la aguja. Bueno, no demos más vueltas, me fui corriendo, soy un pelotudo con una fobia que no me corresponde, en fin, me cagué el día.

domingo, febrero 07, 2010

Me cagó el finde

¿Qué hace la gente los fines de semana? Yo voy a comer. Una vez fui al jardín japonés, estuvo bueno por 8 minutos, pero la mayoría de las veces voy a comer, no se me ocurre otra cosa. La experiencia no tiene muchas variantes, uno lee el menú (2 minutos), elige un plato (1 minuto), espera la comida (20 minutos), la fagocita como si no hubiera un mañana (4 minutos), espera que su mujer termine su plato (18 minutos), embucha sus sobras (2 minutos), pide la cuenta (4 minutos) y paga (3 minutos). Entre pitos y flautas se redondea casi una hora de distracción, tampoco es que le pedimos tanto a la vida. Esta vez fui a almorzar a una parrilla de Palermo Hollywood. Estaba encargándome de una entraña sanguinolienta cuando una hippie perturbada se bajó de un taxi a pedirnos cambio de $100 para pagar su viaje. Tenía una remera con más de tres colores, pulseras en las dos manos, pelo con frizz, mochila. Definitivamente era una hippie, no necesito indagar en su vida licenciosa y su falta de aseo personal para corroborarlo. Retomamos. La hippie se baja del taxi, nos pide cambio de $100, a mí y a todas las mesas en la vereda. En la mesa de al lado, alguien con sentido común le sugiere que pruebe suerte en la caja del establecimiento, quizá al cajero esté más acostumbrado a lidiar con hippies perturbadas. Entonces la hippie entra al local y a los 15 segundos sale. Enojada, apurada, murmurando por lo bajo “Chetos de mierda, váyanse a cagar". Supongo que nadie le dio su cambio. Esta hippie asqueante, basura, hipócrita, andaba por Palermo Hollywood, en taxi, pretendiendo pagar su viaje con un billete de $100 y nos dijo "chetos de mierda".

Me cagó el fin de semana.