viernes, junio 11, 2010

Nociones básicas de marketing 2

No te lo puedo explicar, no lo entenderías. Vos me decís qué marcas consumís y yo te digo cómo sos. Es como un don que tengo, acá no hay margen de error.

Infancia

Los chicos que tomaban Nesquik y leían Anteojito crecieron en familias tradicionales. Padre presente, colegio con uniforme, televisor apagado a las 10 de la noche, ese tipo de cosas. Los chicos que tomaban Cindor y leían Billiken son hijos de padres separados. Televisor hasta cualquier hora, madre MILF, crianza impartida por la mucama, en fin, si tu mamá no estaba dispuesta a hacer la mezcla del Nesquik es que tanto no te quiere. Es duro pero es así.

Fast-Food

Los chicos Mc Donald´s son mucho más correctos que los chicos Burger King. Los chicos Burger King parecen obstinados en convertirse en una desgracia para sus padres: nunca un marzo sin materias, nunca una medalla de atletismo, nunca una alegría. Los chicos Mc Donald´s prefieren a los Beatles, los chicos Burger King prefieren a los Stones. A las chicas les gustan los chicos Burger King, pero a la larga terminan planchándole la camisa a los chicos Mc Donald´s. Fijate.

Tecnología

Los chicos Playstation 3 ya se olvidaron para qué tienen el pito. Los chicos Xbox 360 son todos fundamentalistas. Prefieren debatir por horas sobre las virtudes de su consola que jugar con ella. Nunca compraron un CD original. Los chicos Wii consumen alcohol y marihuana en cantidades industriales.

Películas

Los fanáticos de la trilogía “Volver al Futuro” no tienen ni un amigo normal. Los fanáticos de la trilogía “El Padrino” son todos miserables con aires de enólogos y bon vivants. Los fanáticos de la trilogía “El Señor de los Anillos” fueron golpeados por sus compañeros de curso durante todo el secundario. Todos los fanáticos de la trilogía “Rambo” fueron a un industrial, aman el humor de Yayo y son fanáticos de los condimentos de gama baja. Los fanáticos de la trilogía “Star Wars” son todos idiotas. Los que se gasten en opinar que “Star Wars” no es una trilogía no la ponen desde el 2003. Los fanáticos de la trilogía “La Pistola Desnuda” son todos genios incomprendidos.

TV

La gente que mira el programa de Weich creyó en los Reyes Magos hasta pasada la pubertad. Las tilinguitas que miran RSM sólo cogen estando borrachas, si además leen Cosmopolitan creen que está bueno que nos estrujen las canicas. Los tipos que miran a Beto Casella le dicen “cosita” a las minas. Generalmente desde el 504. Los que miran a Tognetti son psicovolches, consumen cine comprometido y compran libros usados de hojas amarillas en ferias de plazas. Los que miran a Petinatto aman ir al Centro Cultural Konex y al Centro Cultural Recoleta. Creen que ver a unos monigotes colgados del techo o 50 boludos tocando el tambor es cultura. La gente que ve “Todos contra Juan” jura que es lo único que ve en TV abierta. La gente que mira los capítulos viejos de los Simpson es la misma que mira El Chavo, pero con mejor marketing. El 92,6% de las mujeres que miran más de 3 programas de Canal 2 muere por cualquier hombre que le ponga un pasacalle. El 94,1% de las mujeres que ven más de 3 programas de Canal 9 se practicaron un aborto clandestino en una clínica que da a calle de tierra.



Sigue en los comentarios.

miércoles, junio 09, 2010

The Ofris

Nueva serie de NBC sobre la vida en una oficina sin calefacción. Basada en hechos reales.

Adelanto horóscopo de Ludovica Squirru


Arte por @soymatie

lunes, mayo 10, 2010

Vos podés ser un "Pacino" o podés ser un "Deniro". Uno de dos.

Vos podés ser un "Pacino" o podés ser un "Deniro". Uno de dos, no podés ser los dos. De hecho vos ya sos un Pacino o un Deniro y ni siquiera elegiste, es algo que está en tu naturaleza y no lo podés evitar.

Y la verdad que a mí los Pacinos me caen para el culo.

Vos fijate que Pacino hizo un Michael Corleone (El Padrino), un Tony Montana (Scarface), un Frank Sérpico (Sérpico). Incluso hizo un Satán en El Abogado del Diablo. No caben dudas: el tipo es un auténtico crack. Ahora fijate que De Niro te hizo a un Jack Lamotta (Toro Salvaje), un Travis Bickle (Taxi Driver), un Max Cady (Cabo de miedo) o un Jimmy Conway (Goodfellas). El tipo es un jodido genio ¿Quién podría negarlo?

Ahora fijate esto, prestame atención o no vas a entender un carajo. Mientras que Pacino sólo hace películas destinadas al público exigente, cine del bueno, del pretensioso, De Niro, después de trabajar para Scorsese, después de trabajar para Brian de Palma, para Francis Ford Coppola o para Tarantino, fue y se mandó una película con Eddie Murphy (Showtime). Después, como estaba aburrido, fue y filmó una en la que hace morisquetas con Ben Stiller (Meet The Fockers). Y después fue, se sentó en una silla, y metió la voz para un dibujito animado (El Espantatiburones). La diferencia entre Pacino y De Niro, por si no quedó claro, es que De Niro hace lo que se le canta el orto, se permite cometer deslices. Deslices que Pacino jamás se permitiría. Por eso, si vos lees Borges, García Márquez y Joyce, es que sos un Pacino. Si lo mechás con el libro del Bambino, sos un Deniro. Si escuchás jazz, blues y rock sinfónico, sos un Pacino. Si tenés un CD de Cristian Castro, sos un Deniro. Si te caben Los Sopranos y Les Luthiers, sos un Pacino. Si de vez en cuando mirás a Tinelli, sos un Deniro.

Y a mí los Pacinos me caen para el culo. Porque no puede ser que no te gusten ni Tinelli, ni Cristian Castro, ni las frases del Bambino. No puede ser. Uno de los tres te tiene que gustar, aunque sea uno. Y tampoco puede ser que no te gusten el fiambrín y el salpicón primavera, para mí te estás mintiendo, decís que no te gusta porque crees que está bien decir que no te gusta, pero después me ves comer mi sandwich de fiambrín y segregás tanta baba como los perros de Pavlov.

Recapitulemos, no demos más vueltas, esto es muy sencillo: si la primera película de Francella que viste es “El Secreto de sus Ojos”, es que sos un Pacino. Y yo no te banco, primero porque te estás mintiendo, segundo, porque sos un hipócrita, y tercero, porque yo soy así, un ser sumamente intolerante que, cada tanto, tiene que odiar a alguien nuevo para que el blog no se le venga abajo. Y a mí los Pacinos me caen para el culo.

Y de todos los lugares del mundo, el lugar Pacino por antonomasia es la disquería de culto. Todavía recuerdo cuando era joven e iba a la facultad, a media cuadra había una disquería de culto, con todos los discos que no podés encontrar en un Musimundo. Como los que pesan 180 kilos y los que miden 2 metros, que tienen que comprar la ropa en tiendas especiales, también hay deformes que quieren escuchar cosas raras y tienen que comprar sus discos, sus inéditos, sus lados B, en tiendas especiales. El tipo, el de la disquería, había puesto un cartel que decía “no vendo el CD de Luis Miguel”, y estoy totalmente seguro que lo puso todo orgulloso, como quienes dicen no mirar a Tinelli con el pecho hinchado, como si fuera una declaración de principios, "soy un Pacino y a mucha honra" parecía decir. Lo odié durante 6 largos meses, un frío invierno que toleré en silencio, lleno de odio. Al tiempo cerró y pusieron un puesto de panchos que a esta altura, debió haber abierto 6 sucursales. Desde ese momento, cada vez que paso por una disquería de culto, cumplo un estricto ritual. Entro, calculo cuántos discos tiene, me acerco todo serio a la caja y le pido un disco. Un disco que sé que no va a tener. Un disco que lo ofenda, que lo obligue a comentar el hecho entre sus pares. La última vez fue este fin de semana. Caculo que esta sabandija tenía alrededor de 12.000 discos, pero no tenía Loba de Shakira. “No somos una disquerías de esas”, me dijo. No te preocupes, ya me había dado cuenta, Pacino detestable. Cuando abras el puesto de panchos te lo voy a pedir con guarnición de papas rústicas y reducción de Malbec, hijo de puta.

jueves, abril 29, 2010

¡Extra, extra! Por si no te habías dado cuenta, Isabel Macedo es mucho más puta que Belén Francese. ¡Pelotuda!

Para la realización de este post convoqué a 250 mujeres de distintos ámbitos a un Focus Group. Al llegar al recinto les mostré una foto de Belén Francese y otra de de Isabel Macedo. Acto seguido les hice una pregunta sencilla.


 ¿Cuál de las 2 es más puta?

33 mujeres llegaron tarde y no las dejé entrar. La impuntualidad me rompe un poco las bolas cuando está asociada a los demás. A 2 minas les impedí el ingreso porque tenían ropa con cashmere y te dejan la tela de los sillones llena de pelotitas. Las 215 restantes coincidieron: para ellas Belén Francese es la más puta de las 2. A continuación cito algunos de los testimonios surgidos en el Focus Group:

“¡Esto es cualquiera! Belén Francese es un gato y Macedo es una mujer super elegante!”
Guadalupe (28)

“Mirá cómo se viste Macedo y mirá cómo se viste Francese… no tienen nada que ver una con otra, son como el agua y el aceite”
María (32)

“Macedo es una mujer que le podés presentar a tu familia… Nadie le presentaría a Francese a su familia”
Verónica (29)

“Esa Francese es una ordinaria, una grasa. Macedo es una mujer fina”
Laura (33)

“Macedo es una artista consagrada, la otra está en la tele porque se saca la ropa… y encima tiene Photoshop”
Analía (32)

“Si me photoshoppeás a mí yo también quedo re diosa”.
Carolina (29)

"No, no te creas”
Mauro (31)

“Ese libro de arrimas que hizo Francese… es una descarada. Encima tiene voz de pito”
Vanesa (23)

“Macedo actúa en el Prime Time y la otra hace un libro de arrimas… no podés comparar a una con otra”
Eugenia (27)

“Macedo llegó por su talento y Francese llegó por arrodillarse…”
Irene (25)

“Perdón… ¿Dónde está el baño?”
Mercedes (29)

Al poco les tuve que pedir que se vayan porque no las aguantaba más. A ver si nos entendemos de una buena vez: si estudiás actuación, sos un poco puta. Te cabe la expresión corporal, te cabe garchar con hippies que usan morral, una cosa lleva a la otra. Si te ponés borracha y te encarás a un tipo casado (y encima te cagan a bifes), sos un poco puta. Si le tirás la piola al galancito de tu tira actual, sos un poco puta. Si siempre sos la tercera en discordia y andás por la vida buscando que te llenen el vacío que dejó tu ex, sos un poco puta.

El problema es que a las minas les podés poner a la más puta del mundo frente a los ojos, pero si es flaca, no tiene tetas y usa stilettos, entonces no es puta. Es elegante. Es artista. Es de buen gusto. Y si le ponés a una mina con terrible senote, con culo explosivo y labio petero, entonces es puta. Porque sí, porque algo habrá hecho. Bueno, no me quiero extender más, te lo voy a resumir porque es probable que no hayas entendido el punto y me estoy haciendo mala sangre: Isabel Macedo es mucho más puta que Belén Francese. ¡Pelotuda!

Me cagó el día

En la radio empezó a sonar un tema de Creedence. El taxista gritó "¡Qué buen tema!" y subió el volumen al máximo. Por dentro pensé lo horrible que debe ser tener 45 años. Tener 45 años y pretender ser un DJ rodante que musicaliza la ciudad a todo volumen. Acto seguido, y totalmente estimulado, enardecido por el heroico griterío de esa banda de mierda, practicó su tono más sensual y le dijo "Hooolaaaaa" a dos oficinitas. Dos oficinistas tristes, vestidas de gris, en un semáforo.

¿Qué pretendemos los hombres cuando decimos ese "Hooolaaaaa"?
No lo sé. Pero ese hijo de puta me arruinó el día por completo.

jueves, abril 01, 2010

Lo que me molesta de las hippies


Dos hippies lánguidas (posiblemente bajo los efectos de alguna droga sedativa) se desploman en el piso y empiezan a cuchichear. Hippie 1 (la del pelo florecido, como mustio) le pregunta a Hippie 2 (la del tono de voz anémico) qué quiere hacer con su vida. Hippie 2 (la de la mirada vacía) le dice que tiene ganas de viajar, pero no sabe. También le gustaría estudiar fotografía, o actuación, o canto. Hippie 2 no sabe qué quiere estudiar, pero de estudiar algo le gustaría que sea en Palermo. Hippie 2 (la que no usa corpiño, la que tiene gestos desanimados) le pregunta a Hippie 1 (la que toca la guitarra y limpia su cuarto cada 15 días) cómo es su chico ideal. Dice algo de un pantalón de corderoy y un cárdigan. Creo haber escuchado algo de un sobretodo, pero están haciendo 30° a la sombra, debí haber escuchado mal. Hippie 2 (la que hace dos años que quiere recorrer el norte con una mochila, pero considera que aún la mochila no está lo suficientemente gastada ni su pelo lo suficientemente largo) dice que a ella le gustaría que tenga sensibilidad artística, que le guste Fidel Nadal, el under, dice que hay muchos buenos artistas que no tienen difusión. Hippie 1 (la que le dio de comer galletitas al gato durante una semana porque le daba fiaca ir a comprar balanceado) asiente con la cabeza, está de acuerdo, incluso cita el caso de su primo, que tiene una banda que una vez llenó un bar de San Telmo. Dice que el bajista tiene unos anteojos re locos. Hippie 2 (la que va al BAFICI a conocer tipos) se queda callada un rato. De pronto reacciona. Dice que estaría bueno prenderse uno.

Lo que me molesta de estas hippies es su modo de ver la realidad. Divagan mucho.

martes, marzo 23, 2010

Quizá, a lo mejor, tal vez.

Hace unos meses un lector del blog me mandó un mail con una propuesta. El tipo dice que quizá, a lo mejor, tal vez, quiere que hagamos algo juntos en la web. Menciona algo de un proyecto, habla de vender algo, de hacer plata en “la red de redes”. No sé si entiendo a qué se refiere. Le contesto, muy gentilmente, que quizá, a lo mejor, tal vez, tenga que madurar, buscarse un trabajo digno, hacer las cosas como Dios manda. Él me contesta que tiene 4 casos de éxito en la web, que es un CEO 2.0 y piensa que quizá, a lo mejor, tal vez, podía serle útil en su nuevo proyecto. Entonces le digo que, si de verdad la tiene tan atada en el mundo web, quizá, a lo mejor, tal vez podemos hacer algo. Me dice que regio, que nos tenemos juntar, que quizá, a lo mejor, tal vez, puede surgir algo copado. Y entonces, en un mail, tratando de combinar el lugar de encuentro, este sujeto, menciona la palabra “colectivo”.

Y no le contesté más. Nunca más. Porque quizá, a lo mejor, tal vez, nunca haya entendido de qué mierda me estaba hablando este tipo, pero estoy bastante seguro, muy seguro, segurísimo, que si decís “colectivo” no podés decir “CEO”, ni hablar de “éxito”, ni aspirar a tenerme de Robin.

sábado, marzo 20, 2010

Los piones

Tenemos un compromiso. Un “hay que ir”. Un “no queda otra”. Tenemos que ir a la casa de campo de una familia amiga y compartir un almuerzo con ellos a más de 100 kilómetros de mi router wi-fi. Imagínense mi cara de orto. La familia -esto es importante- tiene mucha plata: campos de no sé cuántas hectáreas, propiedades, alquileres, bonos de un país tercermundista que de repente “la pegó”, en fin, háganse la idea que quiero terminar este texto e irme a la mierda. Bueno, estamos almorzando en un living impresionante, no como el tuyo o el mío, uno lindo, como el de las propagandas, con todas las sillas iguales, con cuadros de verdad, con sillones Capitoné, pero –tampoco te creas que su vida era perfecta- con un televisor de tubo que daba lástima. El tipo la tiene toda, pero mira a Tinelli, a Rial, a las botineras, al Ogro Fabbiani en un televisor del siglo XX. No me iba a volver sin una explicación:

- “¿Cómo puede ser que tengas este televisor del siglo pasado? Comprate un LCD por el amor de Dios santo”.
- “Es que si me compro un LCD los
piones se van a dar cuenta que tengo plata y me van a pedir aumento”.

El tipo era Juan Boom Sojero pero los piones le iban a armar bardo si se compraba un LCD. Me cagó el día.

Soy un salame

Necesitaba llenar el vacío espiritual con algo y se me ocurrió que medio kilo de salame Cantimpalo podía ser una buena opción. Así que fui a la fiambrería con mi mujer que me serviría de intermediaria (es que generalmente prefiero no hablar con extraños). Mi mujer solicita el Cantimpalo y, acto seguido, agrega jamón crudo, un queso con agujeros y un frasco con cosas que flotan en vinagre. Cosas. Cosas que no estaban previstas, de eso se trata ir de compras con una mujer, de llevar cosas que uno no llevaría. Un sujeto con camisa blanca y moño procede al corte y pesaje de los fiambres. Y lo hace muy lentamente, sin el más mínimo apuro. El hombre vestido de gala pasea el cuchillo por el fiambre con elegancia y delicadeza y mientras lo hace, habla. Habla con mi mujer, a la que poco le cuesta hablar. Hablan, no sé de qué, no me interesa, la gente sin fobias sociales, sin trastornos de ansiedad, sin desprecio por el resto del mundo, suele hablar con gente que apenas conoce. No sé por qué lo hacen pero lo vi varias veces. Es así.

Aguanté hasta dónde pude, pero en un momento miré el reloj y me di cuenta que habían pasado 9 minutos y aún no había recibido mi Cantimpalo. 9 minutos. Quizá me saquearon la casa, quizá el perro no encontró el pote con agua y murió de sed, quizá inventaron la cura de la calvicie y hubo cupos limitados. En 9 minutos puede pasarte cualquier cosa así que me dirigí a mi mujer y, con un alarido que escuchó todo el local, me quejé de la lentitud de este acto de compra:

“Creo que entrar acá fue un error garrafal. Entramos hace 12 minutos (mentí) ¿y todavía no está nuestro pedido de fiambre?”.

Instantáneamente vino la encargada del local a ofrecerme un pancito y unas fetas de jamón “para hacer más digerible la espera”. Tomé el pancito y el fiambre y los deglutí sin miramientos. Yo me creía un poco más especial, resulta que lo que tengo se medica con pan y jamón.

jueves, febrero 25, 2010

Otra vez

Te la voy a hacer corta porque estoy apurado, porque estoy falto de buenas historias, porque si esto decae, te meto otra foto del grillo ahogado y levanta de nuevo. Este posteo es, en esencia, igual al anterior. Fui al doctor y me fui corriendo. Listo, ya sabés el final.

Hacía 2 días que me picaba el ojo constantemente. Probé refregándolo, probé con colirio, probé sumergiendo la cabeza en agua (se me ocurrió que era lo mejor para lavar el ojo), todos los procedimientos habituales para calmar el picor del globo ocular. La cuestión es que me seguía picando y tenía el ojo cada vez más colorado así que fui al oculista a que me dé un veredicto, que lo extirpe, algo. El oculista resultó ser el clon de Faryd Mondragón. Igualito. Vos creerás que no viene al caso, ¿Pero tomarías lo que te recete el Mono Navarro Montoya? ¿Dejarías que Chilavert te mande a juntar orina en un potecito? ¿Ves? También sos un prejuicioso de mierda. Resumiendo, Faryd me dio vuelta el párpado, asomó un cotonete y sacó -presten atención- ¡una jodida semilla de sésamo! (si estuviera mintiendo diría que encontró una rueda de bicicleta, o el cojín de un sillón capitoné, no sé, algo más interesante). Después me quiso poner un ungüento, pero como me estaba bajando la presión me fui corriendo. Igual antes de irme le agradecí.

Bueno, eso, con un poco de suerte capaz la próxima vez se encuentren con un post menos pelotudo. Pero no sé.

jueves, febrero 18, 2010

Me cagué el día

Te la voy a hacer corta, esta historia no está tan buena, no merece más de un minuto o dos. Podría estirarla, es cierto, pero si estirara una anécdota de dos minutos hasta llevarla a, supongamos, treinta minutos, sería Andy Kusnetzoff tratando de llenar un segmento de radio con una de sus anécdotas pelotudas. Y no, ya me fijé, no soy Andy Kusnetzoff tratando de llenar un segmento de radio con una de sus anécdotas pelotudas.

El tema es así: soy un tipo prejuicioso, intolerante, me gusta etiquetar a la gente, qué sé yo, ustedes también tienen sus cosas. La cuestión es que creo que la gente con fobias es toda pelotuda. Así de simple. No me importa lo que diga Freud (ese pelado falopero), yo pienso que si le tenés miedo a las alturas, o a las arañas, si le tenés miedo a la oscuridad, o si tenés ataques de pánico, es que sos un pelotudo. Si fueras Britney Spears, Tom Cruise o Kanye West estaría bien, entonces sí te podría dar un ataque de pánico. Será que estabas aburrido, porque ya tocaste en un estadio repleto, porque ya buceaste entre tiburones albinos, o porque ya manejaste un helicóptero sobre el Himalaya y ahora no sabés qué carajo inventar para divertirte. Pero sino no. Si no tenés un Oscar, un Disco de Oro o una casa en Malibú no tenés derecho a tener una fobia. Es que sos un pelotudo.

El sábado fui a la guardia del Hospital Alemán porque me picaba todo el cuerpo. Me rasqué todo el santo día pero la picazón no pasaba. La doctora de la guardia me dijo que lo que tenía era muy raro porque no tenía ronchas ni ninguna reacción externa, que iba a tener que hacerme un examen de sangre para ver qué me pasaba. Entonces me da la orden y me voy a sacar sangre. Te la hago corta, cuando vi la jeringa casi me cago encima. Los guantes, el apoyabrazos, la banda elástica, ese plástico traslúcido que pronto estaría lleno de sangre, y la aguja. Bueno, no demos más vueltas, me fui corriendo, soy un pelotudo con una fobia que no me corresponde, en fin, me cagué el día.

domingo, febrero 07, 2010

Me cagó el finde

¿Qué hace la gente los fines de semana? Yo voy a comer. Una vez fui al jardín japonés, estuvo bueno por 8 minutos, pero la mayoría de las veces voy a comer, no se me ocurre otra cosa. La experiencia no tiene muchas variantes, uno lee el menú (2 minutos), elige un plato (1 minuto), espera la comida (20 minutos), la fagocita como si no hubiera un mañana (4 minutos), espera que su mujer termine su plato (18 minutos), embucha sus sobras (2 minutos), pide la cuenta (4 minutos) y paga (3 minutos). Entre pitos y flautas se redondea casi una hora de distracción, tampoco es que le pedimos tanto a la vida. Esta vez fui a almorzar a una parrilla de Palermo Hollywood. Estaba encargándome de una entraña sanguinolienta cuando una hippie perturbada se bajó de un taxi a pedirnos cambio de $100 para pagar su viaje. Tenía una remera con más de tres colores, pulseras en las dos manos, pelo con frizz, mochila. Definitivamente era una hippie, no necesito indagar en su vida licenciosa y su falta de aseo personal para corroborarlo. Retomamos. La hippie se baja del taxi, nos pide cambio de $100, a mí y a todas las mesas en la vereda. En la mesa de al lado, alguien con sentido común le sugiere que pruebe suerte en la caja del establecimiento, quizá al cajero esté más acostumbrado a lidiar con hippies perturbadas. Entonces la hippie entra al local y a los 15 segundos sale. Enojada, apurada, murmurando por lo bajo “Chetos de mierda, váyanse a cagar". Supongo que nadie le dio su cambio. Esta hippie asqueante, basura, hipócrita, andaba por Palermo Hollywood, en taxi, pretendiendo pagar su viaje con un billete de $100 y nos dijo "chetos de mierda".

Me cagó el fin de semana.

viernes, enero 29, 2010

Extra, extra, las 9 propuestas del PRO para implementar el Bicing en Buenos Aires

Todos sabemos que el Gobierno Porteño lanzará próximamente un sistema de transporte público basado en el alquiler de bicicletas, un sistema que ya funciona con éxito en las principales ciudades europeas.

Las ventajas son obvias: la bicicleta no contamina, es silenciosa y en distancias cortas y medias, es el medio de transporte más rápido. Pero el problema es el riesgo, siempre latente, de que se roben las bicicletas. Por eso, y en un esfuerzo periodístico sin precedentes, accedí a un documento inédito y confidencial: con ustedes, las 9 propuestas que los asesores y colaboradores del PRO acercaron al jefe de gobierno porteño para minimizar los robos de bicicletas.

1) Como si se tratara de un revolucionario Transformer, la bicicleta se convertirá mágicamente en un Policía de gatillo fácil que vacíe su cargador sobre el ladrón. Acto seguido volverá a convertirse en bicicleta sin que nadie lo note.
2) La bicicleta llevará una bomba escondida en su interior. Durante las noches detonaremos las bicicletas no devueltas eliminando el negrerío ladrón y volando sus guaridas en mil pedazos. Sobre los terrenos de sus casas demolidas construiremos torres de 40 pisos para reactivar la economía.

3) Entregaremos cada bicicleta con un instructivo en inglés. De esta manera los negros no sabrán cómo pedalear la bicicleta y desistirán de llevársela.
4) Colocaremos televisores LCD, stereos gigantes y Playstations 3 al lado de las bicicletas. De esta manera la bicicleta se posicionará como la opción de robo menos deseable.

5) Colocaremos en el manubrio un reconocedor de huellas dactilares fotosensible: la bicicleta no arrancará con negros, exceptuando al negro Rada, Jon Secada, Wycleaf Jean y otros negros que hayan demostrado ser capaces de llevar una vida alejada de la delincuencia. Si los hubiera.

6) El sillín de la bicicleta se convertirá mágicamente en un afilado cuchillo que desangre al ladrón a la vista de sus semejantes, atemorizándolos y disuadiéndolos de la práctica delictiva.

7) Los pedales llevarán la siguiente advertencia: “No usarse con Nike Shoxx. Riesgo de rotura del calzado”.

8) Vamos a generar un cerco perimetral electrificado que separe las zonas decentes de las zonas delictivas. De esta manera las bicicletas podrán circular únicamente por Puerto Madero, Avenida del Libertador, Palermo Soho, Palermo Hollywood, Las Cañitas y Belgrano R (se estaría evaluando la posibilidad de agregar a Caballito). Al pasar por Plaza Italia la bicicleta se elevará por los aires, como en E.T, esquivando el negrerío viajero. Toda bicicleta que ingrese en otra zona se electrificará automáticamente.
9) Lanzaremos y difundiremos un reggaetón o cumbia villera cuyo estribillo advierta que andar en bicicleta es de cheto, de puto o de otra minoría reñida con el negrerío delincuente. El videoclip mostrará decenas de traseros de mujeres atractivas (desde la perspectiva del lumpen) para multiplicar su difusión y llegada. Letra optativa: “La bici es de cheto, de puto, de rati, de hijo único, rescatate guacho y choreá otra cosa”.

martes, enero 26, 2010

Me cagó las vacaciones II

Con el tiempo fui perdiendo la capacidad de disfrutar, no estoy diciendo ninguna novedad, a mí la vida me hizo esto. Quizá por eso las vacaciones, lejos de renovarme, sólo me representaron un par de kilos más y un par de miles de pesos menos. Yo soy así, me gusta pensar que pronto voy a volver, que me voy a encontrar 8 facturas debajo de la puerta, que me espera una catarata de laburo, cosas por el estilo. Si les dijera que envidio a aquellos que tienen la capacidad de ser felices les estaría mintiendo: yo estoy bien así.

Sin embargo, tengo que reconocer que hubo una situación que logró perturbar mi receso estival: saber que a mi regreso tendría que lidiar con el mecánico. Porque las vacaciones también son eso, hacer mierda el auto.

En mi caso rompí el parabrisas, las luces bajas decidieron no andar más y una correa empezó a hacer un molesto chirrido al arrancar. Y por si no lo sabían, eso implica tres mecánicos. Porque ya nadie “arregla el auto”, eso es cosa del pasado, ahora un mecánico cambia el parabrisas, otro cambia las lamparitas y otro cambia las correas. No sé cómo fue que pasó, pero estos linyeras se volvieron especialistas, así de repente, como los médicos, que te miran los huesos pero no los músculos, la boca pero no los ojos, el pito pero no el culo. Un verdadero desastre.

Sin embargo, y quizá sea porque Dios existe, quizá sea por mera casualidad, encontré un lugar que arreglaba las tres cosas. Que cambiaba vidrios, que cambiaba lamparitas, que cambiaba correas. Puede parecerles sencillo, pero es todo un hallazgo, así que me subí al auto y lo llevé el taller:

- Hola, necesito cambiar el parabrisas y las luces bajas.
- Bueno.
- ¿Y no le mirás la correa de accesorios? Hace como un chirrido al arrancar…
- Bueno, la miramos.
- Debe ser una boludez, no creo que haya que cambiarla... a lo sumo tensionarla un poco.

- ¿Vos sos mecánico?
- No.
- Ah, como me decís lo que tengo que hacer...
- Pero lo básico lo sé... pasa que
no me gusta ensuciarme las manos.

El mecánico me miró con un odio fulminante. Hacían 39 grados de calor bajo ese techo de chapa incandescente y yo le dije que no me gustaba ensuciarme las manos. Y seguramente tampoco me gustaría transpirar, de hecho a mí me gusta estar sequito, oler a Dove Go Fresh fragancia pepino.
- Bueno, entonces vas a tener que encontrar otro que se ensucie por vos.

Y así fue como ese mandril horrible me condenó a padecer tres mecánicos diferentes. Y así, me cagó las vacaciones.

domingo, enero 17, 2010

Me cagó las vacaciones I

Agarrá a un tipo que se fue a la costa y preguntale cómo estuvieron sus vacaciones. A cualquier tipo, a cualquier costa, es indistinto. La respuesta, invariablemente, dependerá de la proporción de días de playa sobre el total de su estadía. “Bárbaro, nos tocaron 12 días de playa” o “para el orto, nos llovió toda la quincena”, de eso tratan las vacaciones, de los días de playa. De insolarse, de mear en el mar, de comer un choclo con arena, de leer el último libro de Ari Paluch, cosas por el estilo.

Por eso el martes pasado quise torcer el destino. Veinte grados no es un día de playa en el sentido estricto, pero yo dije que podía serlo, que por algo soy creativo: porque yo con veinte grados te hago un día de playa. Y me metí al mar. Y le dije a mi mujer que se meta, que había que meterse de golpe, que el cuerpo sólo tarda siete segundos en adecuarse al agua fría. El cuerpo es un mecanismo sorprendente, así es el principio de homeostasis, el propio organismo se encarga de reestablecer el equilibrio perdido, lo dijeron en National Geographic una vez, la posta es zambullirse de golpe.

El miércoles la llevé al Sanatorio Mautoné de Maldonado a que le vean la fiebre y la tos convulsa.

Y mientras le estaban haciendo unas placas llegó a la recepción del sanatorio un viejo pálido, enclenque, muy desmejorado. El pobre hombre estaba no menos de 15 kilos por debajo de su peso saludable, estaba desvencijado por todos lados, realmente a la miseria. El viejo se asoma al mostrador y le pide a la recepcionista que lo atiendan, que le hagan un estudio, que hagan algo. La recepcionista entonces le dice que tiene que abonar 200 pesos uruguayos (algo así como $40) y el pobre viejo, con todos sus dolores a cuestas, saca energía de no sé dónde para quejarse a los gritos: que no puede pagarlo, que cómo lo van a dejar morir, ahí mismo, a la vista de todos, que cómo podían ser tan crueles con un viejo. De verdad me partió el alma. Entonces junté coraje, me acerqué, le agarré la mano y le di los 200 pesos uruguayos, un billete de 100 y dos de 50. Nadie debería morirse por una cifra tan ridícula. El viejo se miró la mano con el bollito de billetes y me dijo: “yo con esto me voy al bar” y cuando lo dijo, sentí una pestilencia etílica devastadora emanando de sus fauces. Y se fue rengueando, por la misma puerta por la que entró. Era un viejo crápula, un borracho hijo de puta. Y yo, un pelotudo. Me cagó las vacaciones.