Hoy a las 7 de la tarde, en el subte, recibí un SMS bastante escueto del 15636421xx. Un mensaje simple, directo, contundente.
- ola."Ola" puso. Quizá sea economía de recursos. Quizá exista gente que desconoce las formas más básicas de la comunicación escrita. Como sea, mi predisposición ya distaba, por mucho, de ser la mejor. Respondo:
- Quién sos?Básico, concreto, sin vueltas. Era lo único que necesitaba saber para tratar de remontar un intercambio que nació tullido. ¿Y qué me responde este imbécil?
- Un amigo.Después de toparme con tamaño pelotudo enigmático opté por llamarme a silencio, pero a los 15 minutos, este energúmeno malacido arremetió con su habitual locuacidad.
- olaTuve un deja vu. Miré el mensaje 2 minutos enteros. Traté de descubrir un anagrama, un código cifrado, algo. Miraba el mensaje tratando de entenderlo, con recelo, procurando que nadie en el vagón lo viera, ahí, impreso en mi celular, denigrándome, volviéndome el depositario de todos los prejuicios de la otra gente, quizá tan prejuiciosa como yo. Hubiera muerto de la vergüenza. Guardé el celular sabiéndome a salvo. Nadie más había leído lo que yo leí.
Y entonces recibí un nuevo mensaje. Vacío. Sin texto, sin sentido, sin nada. Vacío, y yo, lleno de ira contenida, intuyendo que me iba a agotar el último tercio de batería o, mucho peor, que iba a interrumpirme la sentencia de Bailando por un Sueño con sus sintéticos mensajes colmados de brutalidad, con su desesperación concentrada, con la nada misma. Traté de aplacarme, de mitigar mi trastorno de ansiedad generalizada y de racionalizar todo el odio contenido que este hominidio me generaba. Sólo "Ola" decía el muy hijo de puta. Pero no me dio tiempo. Al instante me volvió a sofocar con su torpeza asfixiante.
- ola eres abomi"Eres". "Abomi". Quizá sea la forma cariñosa de llamar a algo abominable. Pero no creo. Los diminutivos cariñosos suelen ser bisílavos. Y acá el apócope no aplicaba. Igual no me importaba saberlo, ya me había bajado del subte y sólo quería llegar a casa, quitarme todos los olores ajenos, y volver a disponer de mi celular en paz. Entonces supe que debía contestarle. Un mensaje claro y gentil debía ser suficiente.
- Mirá, te dieron el número equivocado. De verdad te digo. Suerte. Ni lerdo ni perezoso, a los 3 minutos, con sus dedos morcilla, llenos de dureza percudida, me vuelve a acosar con sus miserias de amor no correspondido que no quiere entender la contundencia de los hechos:
- te vi en liniers y me gustaste no se como te llamas pero aberige (estimo que es "averigüé")
tu numero y no tu nombre.Sentí un poco de pena por él. Todos hicimos alguna boludez por amor. Además hacía mucho que no rechazaba a nadie. Y menos por celular. Alguien debería hacer algo por un pobre hombre que sufre por amor y que necesita como 10 mensajes para hacerse entender. Es todo muy injusto a veces. Me dispuse a explicarle la situación con toda la paciencia del mundo:
- Mirá, la última vez que estuve en Liniers fue para ver campeón al Velez de Bianchi en el 96 per...Pero antes de terminar el mensaje, sonó el teléfono. Era él.
- Hola (cuando escuché su voz supe que la situación podía empeorar).
- Hola, te estaba explicando que te dieron mal el número y...- Hola (repitió él).
- Hola, te decía que te dieron mal el número y...- Hola.Insiste e insiste. El "Hola" que él dice no es el "¿Hola?" que la gente normal usa tratando de confirmar la presencia de un interlocutor al otro lado. No era el "¿Hola?" que uno dice, sordo y aturdido, en el bullicio de una estación de tren. Él asevera, como si su "Hola" fuese autosuficiente. Un sujeto, un verbo, un predicado, un sentido. Todo resumido en su "Hola", que opté por imaginar con H. Y sin embargo me costaba entender qué esperaba como respuesta.
- Te decía que tenés mal el número. No soy quién buscás. - ¿Y quién eres? (me increpa).
- No importa quién soy, pero no soy quién estás buscando. - Pásame con la mujer que busco. - ¿Vos sos pelotudo?Ante su insistencia me saqué, como me saco cada vez que no logro hacerme entender, más por frustración que por falta de paciencia.
- ¡Pásame con la mujer que busco! ¡Y devuélvele su celular!Este hombre estaba tan seguro de lo que decía que, por un instante, me hizo dudar. Traté de hacer memoria. El celular lo había comprado hacía 2 años en las oficinas de Movistar, en la intersección de Corrientes y una de esas callecitas llenas de oficinistas, motochorros y bares con sandwiches expuestos en vidrieras y abrillantados con Blem. Lo recordé claramente, incluso creo que vi la caja y el manual, en un cajón, hace poco. Estaba totalmente seguro que no le había robado el celular a nadie. Estuve una vez en una de esas galerías turbias que venden celulares robados, sí, es cierto, pero no había comprado nada.
- Sos un pelotudo. No me llames más por favor, te dieron mal el número. Entendelo de una buena vez, monstruo barbárico con dedos de mandril. - Pelotudo eres vos...Colgué. No tolero a la gente que te devuelve el mismo insulto que recibe. Los regalos y los insultos no se devuelven. Se los evalúa, se los cotiza, y entonces se devuelve uno de igual o mayor valor. Pero nunca el mismo. A los 5 minutos me llama de nuevo.
-
Hola... - Te dije 5 veces que te dieron mal el número. Por favor -supliqué-
dejame en paz.- Pásame con la dueña del teléfono. - ¡Soy el jodido dueño del teléfono! - ¿Y cómo te llamas?- ¿Y qué mierda te importa? - ¡Y cómo sé que no me mientes!Sinceramente no entiendo el correlato entre veracidad y denominación, pero decido cooperar con el instigador.
- Ok. Fernando, me llamo Fernando.- ¿Y tu mujer? - ¿Qué mujer?- ¿Sales con alguien?- Sí. - ¿Cuál es su nombre?Tardé un poco más de un segundo en elegir un nombre de fantasía. Cuando te agarran desprevenido, mentir es mucho más difícil de lo que a simple a vista pudiera parecer.
- ... Luciana.- ¿Luciana cuánto?- Salazar -dije, sin titubear, socorrido por esos misterios de la libre asociación y el inconciente-.
- ¿Y cómo es? - Rubia, bajita, anda seguido por Liniers pero no creo que sea la mujer que estás buscando- Ah... bueno, te pido disculpas. No es quien yo busco. - Está bien. - Te pido disculpas, en serio...- Está bien, no es nada. - Me han dado mal el teléfono, discúlpame. - No es problema, en serio. - Es que busco a otra mujer...- No, está bien, claro, puede pasar, sólo fue un mal entendido. - Disculpame, estaba seguro que era este número y... - Y no, no lo es. - Bueno, perdona (así, sin acento),
hasta luego.- Está todo bien, suerte, ojalá la encuentres.
Y ahí está, suelto y desconsolado. Un hombre que renuncia a la Salazar por una mujer como cualquier otra. Y no tiene mercado. El mundo está todo mal. Todo mal.