viernes, octubre 23, 2009

Volvió 100% Lucha

Después de unas largas pero merecidísimas vacaciones vuelve 100% Lucha a la pantalla de Telefe. Y en esta nueva edición del mejor espectáculo de lucha profesional del Universo nos encontraremos con tres nuevos retadores:
  • El cubano Ricky Dragone, de físico excepcional y técnica depurada.
  • El primo de Viloni, que se rehusó a revelar su nombre.
  • Y Mugre, "un gigante barbado y pelilargo de la Provincia de Corrientes" (sic).

Con la conducción de Leo Montero y los relatos de Príncipi y Husni, 100% Lucha vuelve el 1° de noviembre a las 11 horas por la pantalla de Telefe. No te lo pierdas.

Niño, si tienes entre 8 y 14 años y llegaste hasta acá buscando información sobre 100% Lucha y tus luchadores preferidos, es el momento de que dejes esas boberías de lado y empieces a hacerte hombre de una puta vez. Te sugiero que leas el caso que este lector me plantea a continuación.

De: xxxxxxx
Enviado: Martes, 20 de octubre de 2009 11:03:18 p.m.
Para:
srmauro78@hotmail.com

Hola. Leo tu blog hace un año y quiero que me ayudes con un tema. Tengo 14 años y me gusta mucho una piba que va conmigo al colegio. La encaré el mes pasado y me cortó el rostro, me dijo que no quería una relación. Una semana después me la comí en un boliche y a las 2 semanas me la comí otra vez, pero esta vez tuve que remarla bastante. Me dijo que mejor seamos amigos y que viéramos. Pero el sábado me comí otra piba para ver cómo reaccionaba y según su mejor amiga se puso re celosa. Después hablamos por MSN y me dijo que me quiere como amigo. Yo le dije que iba a tratar de olvidarme de ella pero que me iba a costar. ¿Qué hago?

Respuesta:

Su último movimiento encuadra perfectamente en lo que hemos dado en llamar el
Síndrome de Kótov. Este fenómeno, descripto por primera vez por el gran maestro ruso de ajedrez, Alexander Kótov, es muy común en ese deporte y en el terreno de la conquista. Sucede cuando un hombre busca la mejor solución posible a una situación complicada y, a último momento, obligado a hacer una jugada, realiza un movimiento que no ha analizado y que le hace perder la partida.

Que lo haya visto comiéndose a otra cerda fue una gran pelotudez, pero decirle que "va a tratar de olvidarse de ella" fue la nave nodriza de las pelotudeces.

Hágame el favor y no sea tan faldero. A las mujeres no les gustan los hombres regalados. A las mujeres les gustan los amores imposibles. Todas se enamoran del cuarentón canoso que se sienta al lado de ellas en un avión a Brasil, del profesor casado y con tres hijos, o del amigo que se volvió cura, castratto y Monje Shaolin. Nunca, pero nunca se regale.

El desafío ahora es hacer que parezca que esta ruptura fue su voluntad.
  • Me estoy yendo a vivir a Nueva Zelanda. Es el único lugar donde las operaciones para achicarme la nutria son 100% seguras.
  • Tenés razón. Además vengo de una experiencia traumática y no estoy listo para estar con nadie. Menos aún después de ver las várices que tiene tu vieja. ¿Eso es hereditario, no?
  • Me había olvidado de contarte que tengo un problema con la bebida y me da miedo de hacerte daño. Sobre todo cuando se vaya el efecto del alcohol y te vea bien.
  • No sé quién te vino a buchonear que la chota del video de Wanda Nara era la mía, pero eso fue antes de conocerte.
Si todo sale bien, en pocos días ellas volverá a interesarse en Usted.

Atte. Mauro.

lunes, octubre 19, 2009

Kermese de blogs

El miércoles que viene voy a pegarme una vuelta por la tercera Kermese de Blogs del Capitán Intriga. Y sin colarme.

Miércoles, 19 hs. en el Rojas, Corrientes 2038. Los espero ahí.

jueves, octubre 15, 2009

Manual del eventero cool

La primera vez que me colé en un evento cool fue en el 2003. Volvía de cenar con 2 amigos en una fonda económica de zona norte cuando, al pasar por una concesionaria de Mini Cooper, nos encontramos una fiesta llena de ricos, famosos y propietarios de Mini Cooper.

Con mucho cuidado escondimos mi Volkswagen 96 dónde nadie pudiera verlo y caminamos hasta las inmediaciones del lugar. Digamos las cosas como son: nuestra única motivación era ver de cerca a alguna vedette, no nos olvidemos que ya habíamos comido apenas minutos antes y al Mini Cooper ya lo teníamos visto. En mi opinión, el más lindo era el gris con techo blanco, pero también me gustaba en azul. Un poco menos, el azul se raya mucho.

Ni bien nos asomamos al cristal se desvanecieron nuestras esperanzas de ver en vivo a Karina Jelinek, Silvina Luna o Pamela David. Quizá hubiéramos estado tan cerca de ellas que hasta podríamos inhalar el dióxido de carbono de sus exhalaciones. Quizá hasta hubiéramos podido sentarnos en un sillón previamente templado por las posaderas de esas mujeres. Aún tibio. Pero no. No iba a pasar. Había alguna que otra modelo, es cierto, pero ninguna superaba los 86 centímetros de cadera. No tardé mucho en decretar que no había nadie relevante. Sólo gente cool.

En la puerta, un RRPP confirmaba los nombres de los invitados y les daba la bienvenida a la fiesta. Esperamos, estoicos, su primera distracción, y entonces atravesamos ese umbral que nos separaba de la gente cool. Por un momento, sólo por un momento, abandonamos el mundo de los grasas para sumergirnos en una atmósfera de pertenencia y sofisticación. Todo era música chill out, finger foods, tragos de autor y muchas sociales. No fue lo mejor que me había pasado en la vida (quizá lo hubiera sido si hubiera estado con el estómago vacío), pero definitivamente no estaba nada mal.

Así que ahí va. Si usted quiere dejar su trabajo de oficinista frustrado y vivir de parranda, comiendo y tomando gratis en los mejores eventos de Buenos Aires, esto es lo que tiene que hacer. Esto es lo que hace un eventero cool:

1) Siembre dudas sobre su sexualidad.

Los grasitas tienen una sexualidad absolutamente lineal. Si usted está decidido a convertirse en una presencia cotizada en el calendario de lanzamientos y fechas especiales de las marcas, su orientación sexual tiene que ser un gran misterio. Si le gustan las mujeres, parezca puto. Y si le gustan los hombres, cómase una mina cada tanto para despistar a la audiencia.

Ejemplos: Mike Amigorena. Juan Cruz Bordeau. Gaby Álvarez. Alan Faena.

Corolario: Se aprecia como un gesto integrador invitar a un (1) homosexual confirmado por evento. Entre ellos, destaca Ronnie Arias como uno de los mejor vistos.

2) Sea el “hijo de” pero sin onda.

Los grasitas creen que valerse por uno mismo es la gran cosa. Y nada que ver. Si usted quiere pertener a esta selecta casta de eventeros, debe crecer entre lujos y asimilar la fama como algo natural. Por eso, si usted es un donadie, procure que su padre no lo sea.

Ejemplos: el hijo de Casero. El hijo de Charly. El nieto de Mirtha Legrand.

3) ¡Ya mismo! ¡Deje de comer!

Lo que los grasitas definen como peso saludable, la gente cool lo llama "obesidad". Entre la gente cool no hay gordos (sólo el hijo de Casero, porque un solo gordo es un gesto de tolerancia, más aún si es joven y sus chances de rehabilitación son mayores). Además, desde que FTV filma los eventos y se popularizaron las pantallas de plasma que deforman la imagen, nadie puede pesar más de 55 kilos. ¿Acaso nadie se vio en una pantalla de plasma? Yo sí. Y corrí al baño a clavarme los dedos en la garganta.

Ejemplos: Humberto Tortonese. Chechu Bonelli. Florencia Raggi.

Mención especial para Matías Camisani, Gaby Alvarez y todos los hombres cool que, aparte de lucir un aspecto famélico, en el verano se animan a reemplazar la bermuda por la calcita, y sin bultear previamente.

4) Báñese lo menos posible

En ciertos ámbitos la higiene personal está muy subestimada. El ambiente cool hace del aseo una ocasión especial, no dude en imitarlos.

Ejemplos: Sofía Gala. Nahuel Mutti. Fabio Posca. Iván Noble.

5) Alcance sus 5 minutos de fama en el 98 y no trabaje nunca más.

Si los productores de televisión le dieron la espalda, todavía quedan los eventos. El único requisito es soportar los sets de Catarina Spinetta, los enganches de Zeta Bosio y los falsetes de Deborah de Corral.

Ejemplos: Nahuel Mutti. Alejo Ortiz. Juan Ponce de León. Virginia Da Cunha.

6) Póngase un apodo copado y use ropa de A.Y Not Dead.

Hasta hace unos años la gente grasa y fea debía permanecer oculta en las sombras. Sus oficios eran la conducción radial, la atención telefónica y la literatura. Hoy la gente fea puede posar para los flashes y lucrar con su imagen. Y está bien que así sea, no toda la gente puede ser Ale Lacroix. El tipo tiene un buen nombre, una buena percha, una correcta dentición, es lógico que lo inviten a los mejores eventos. Pero si usted nació feo y desgraciado, no se resigne, para usted están los apodos con onda y las pilchas de A.Y. Not Dead. Sombreros de cowboy, chaquetitas de cuero y Toppers de lona también son bienvenidas. Al calzarse esas prendas, la gran mayoría de los grasitas se ven como mandriles del lumpen más miserable. Sin embargo, una selecta minoría, logra con estos harapos activar un gen cool recesivo que engañará a propios y extraños. Combínelo con un apodo con onda y en 2 meses estará en la D´Mode rodeado de eventeros con pedigree auténtico.

Ejemplos: Juan “Conejo” Gutierrez. Romina “Mina” Álvarez. Lucrecia “Lulu” Gómez.

... Continuará en los comentarios.

lunes, octubre 05, 2009

Ola

Hoy a las 7 de la tarde, en el subte, recibí un SMS bastante escueto del 15636421xx. Un mensaje simple, directo, contundente.

- ola.

"Ola" puso. Quizá sea economía de recursos. Quizá exista gente que desconoce las formas más básicas de la comunicación escrita. Como sea, mi predisposición ya distaba, por mucho, de ser la mejor. Respondo:

- Quién sos?

Básico, concreto, sin vueltas. Era lo único que necesitaba saber para tratar de remontar un intercambio que nació tullido. ¿Y qué me responde este imbécil?

- Un amigo.

Después de toparme con tamaño pelotudo enigmático opté por llamarme a silencio, pero a los 15 minutos, este energúmeno malacido arremetió con su habitual locuacidad.

- ola

Tuve un deja vu. Miré el mensaje 2 minutos enteros. Traté de descubrir un anagrama, un código cifrado, algo. Miraba el mensaje tratando de entenderlo, con recelo, procurando que nadie en el vagón lo viera, ahí, impreso en mi celular, denigrándome, volviéndome el depositario de todos los prejuicios de la otra gente, quizá tan prejuiciosa como yo. Hubiera muerto de la vergüenza. Guardé el celular sabiéndome a salvo. Nadie más había leído lo que yo leí.

Y entonces recibí un nuevo mensaje. Vacío. Sin texto, sin sentido, sin nada. Vacío, y yo, lleno de ira contenida, intuyendo que me iba a agotar el último tercio de batería o, mucho peor, que iba a interrumpirme la sentencia de Bailando por un Sueño con sus sintéticos mensajes colmados de brutalidad, con su desesperación concentrada, con la nada misma. Traté de aplacarme, de mitigar mi trastorno de ansiedad generalizada y de racionalizar todo el odio contenido que este hominidio me generaba. Sólo "Ola" decía el muy hijo de puta. Pero no me dio tiempo. Al instante me volvió a sofocar con su torpeza asfixiante.

- ola eres abomi

"Eres". "Abomi". Quizá sea la forma cariñosa de llamar a algo abominable. Pero no creo. Los diminutivos cariñosos suelen ser bisílavos. Y acá el apócope no aplicaba. Igual no me importaba saberlo, ya me había bajado del subte y sólo quería llegar a casa, quitarme todos los olores ajenos, y volver a disponer de mi celular en paz. Entonces supe que debía contestarle. Un mensaje claro y gentil debía ser suficiente.

- Mirá, te dieron el número equivocado. De verdad te digo. Suerte.

Ni lerdo ni perezoso, a los 3 minutos, con sus dedos morcilla, llenos de dureza percudida, me vuelve a acosar con sus miserias de amor no correspondido que no quiere entender la contundencia de los hechos:

- te vi en liniers y me gustaste no se como te llamas pero aberige (estimo que es "averigüé") tu numero y no tu nombre.

Sentí un poco de pena por él. Todos hicimos alguna boludez por amor. Además hacía mucho que no rechazaba a nadie. Y menos por celular. Alguien debería hacer algo por un pobre hombre que sufre por amor y que necesita como 10 mensajes para hacerse entender. Es todo muy injusto a veces. Me dispuse a explicarle la situación con toda la paciencia del mundo:

- Mirá, la última vez que estuve en Liniers fue para ver campeón al Velez de Bianchi en el 96 per...

Pero antes de terminar el mensaje, sonó el teléfono. Era él.

- Hola (cuando escuché su voz supe que la situación podía empeorar).
- Hola, te estaba explicando que te dieron mal el número y...
- Hola (repitió él).
- Hola, te decía que te dieron mal el número y...
- Hola.

Insiste e insiste. El "Hola" que él dice no es el "¿Hola?" que la gente normal usa tratando de confirmar la presencia de un interlocutor al otro lado. No era el "¿Hola?" que uno dice, sordo y aturdido, en el bullicio de una estación de tren. Él asevera, como si su "Hola" fuese autosuficiente. Un sujeto, un verbo, un predicado, un sentido. Todo resumido en su "Hola", que opté por imaginar con H. Y sin embargo me costaba entender qué esperaba como respuesta.

- Te decía que tenés mal el número. No soy quién buscás.
- ¿Y quién eres? (me increpa).
- No importa quién soy, pero no soy quién estás buscando.
- Pásame con la mujer que busco.
- ¿Vos sos pelotudo?

Ante su insistencia me saqué, como me saco cada vez que no logro hacerme entender, más por frustración que por falta de paciencia.

- ¡Pásame con la mujer que busco! ¡Y devuélvele su celular!

Este hombre estaba tan seguro de lo que decía que, por un instante, me hizo dudar. Traté de hacer memoria. El celular lo había comprado hacía 2 años en las oficinas de Movistar, en la intersección de Corrientes y una de esas callecitas llenas de oficinistas, motochorros y bares con sandwiches expuestos en vidrieras y abrillantados con Blem. Lo recordé claramente, incluso creo que vi la caja y el manual, en un cajón, hace poco. Estaba totalmente seguro que no le había robado el celular a nadie. Estuve una vez en una de esas galerías turbias que venden celulares robados, sí, es cierto, pero no había comprado nada.

- Sos un pelotudo. No me llames más por favor, te dieron mal el número. Entendelo de una buena vez, monstruo barbárico con dedos de mandril.
- Pelotudo eres vos...

Colgué. No tolero a la gente que te devuelve el mismo insulto que recibe. Los regalos y los insultos no se devuelven. Se los evalúa, se los cotiza, y entonces se devuelve uno de igual o mayor valor. Pero nunca el mismo. A los 5 minutos me llama de nuevo.

- Hola...
- Te dije 5 veces que te dieron mal el número. Por favor -supliqué- dejame en paz.
- Pásame con la dueña del teléfono.
- ¡Soy el jodido dueño del teléfono!
- ¿Y cómo te llamas?
- ¿Y qué mierda te importa?
- ¡Y cómo sé que no me mientes!

Sinceramente no entiendo el correlato entre veracidad y denominación, pero decido cooperar con el instigador.

- Ok. Fernando, me llamo Fernando.
- ¿Y tu mujer?
- ¿Qué mujer?
- ¿Sales con alguien?
- Sí.
- ¿Cuál es su nombre?

Tardé un poco más de un segundo en elegir un nombre de fantasía. Cuando te agarran desprevenido, mentir es mucho más difícil de lo que a simple a vista pudiera parecer.

- ... Luciana.
- ¿Luciana cuánto?
- Salazar -dije, sin titubear, socorrido por esos misterios de la libre asociación y el inconciente-.
- ¿Y cómo es?
- Rubia, bajita, anda seguido por Liniers pero no creo que sea la mujer que estás buscando
- Ah... bueno, te pido disculpas. No es quien yo busco.
- Está bien.
- Te pido disculpas, en serio...
- Está bien, no es nada.
- Me han dado mal el teléfono, discúlpame.
- No es problema, en serio.
- Es que busco a otra mujer...
- No, está bien, claro, puede pasar, sólo fue un mal entendido.
- Disculpame, estaba seguro que era este número y...
- Y no, no lo es.
- Bueno, perdona (así, sin acento), hasta luego.
- Está todo bien, suerte, ojalá la encuentres.

Y ahí está, suelto y desconsolado. Un hombre que renuncia a la Salazar por una mujer como cualquier otra. Y no tiene mercado. El mundo está todo mal. Todo mal.