Pero de un día para el otro, estos aprendices de malvivientes se proclamaron hijos directos de Andy Warhol y nadie se la vio venir. Porque ya no hay más monigotes pintando paredes: ahora son “artistas urbanos”. Y ya no hay más garabatos pintados en las fachadas de los edificios: ahora hay “críticas despiadadas a la sociedad de consumo”, “invitaciones a la lucha social cifradas estéticas figurativas” o “contenidos abstractos que apelan a la reflexión y la ironía”.
Y si no me creen, miren lo que afirma de su obra este delirante que inhaló todos los vapores tóxicos de la pintura en aerosol:
Artistas eran los de antes. Los que retrataban a reyes y aristócratas en un lienzo. Los que creaban obras monumentales, que eran el orgullo de civilizaciones enteras. Los que fundaban una vanguardia… o los que se cortaban una oreja. Pero desde que la marica de Andy Warhol se puso a dibujar latas de tomates, el arte pasó a ser patrimonio de cualquier pelagatos capaz de colorear un papel, calzarse una gorrita con onda y comprarse una Macbook blanca financiada en 48 cuotas.
Y yo estoy muy harto. Harto de que estos fantoches me quieran convencer de que un papel con una figurita de los Super Amigos, una postal de Mar del Tuyú y un ticket del Coto pegado con Voligoma se haya convertido, de golpe y “porrazo” en una composición artística. Harto de que todos quieran ser Marta Minujin. Harto de que hablen de críticas sociales donde yo sólo veo un dibujito infantiloide. Harto de los muebles, la ropa, las revistas y los accesorios de diseñador. Y harto de los ilustradores afirmando, sin vacilar, que desde su más temprana infancia están obsesionados con la génesis y temperatura del color. Basta de las mentiras de los muralistas y los stencils. Basta de asumirse, orgullosos, como autodidactas, como si dibujar una pared tuviera la misma complejidad que una cirugía coronaria. Asuman de una buena vez que lo que hacen estuvo bien hasta los 4 años, y que si sus padres no les compraron las Plastipinturitas en su momento, hoy hay que superarlo. Que alguien los obligue a buscarse un trabajo digno. Que Duhalde tape los graffitis con afiches políticos. Que prohiban la venta de aerosoles. Lo que sea, pero que alguien le ponga fin a esta mentira.
2) Cotidianeidad (acá todos los temas, por ajenos que parezcan, son conectables entre sí).