miércoles, septiembre 23, 2009

Los artistas del garabato

A mí “toda esa cuestión” del graffiti nunca me había molestado. Pensaba que era una práctica inofensiva. Pensaba que un monigote que compraba un aerosol, y cubría su cuota de rebeldía garabateando una pared, no le hacía mal a nadie. Pensaba que incluso podía servir para mantener a estos delincuentes juveniles alejados de otros delitos mayores. Y, si lo veíamos así, hasta pensaba que cumplía una función pedagógica y socialmente integradora.

Pero de un día para el otro, estos aprendices de malvivientes se proclamaron hijos directos de Andy Warhol y nadie se la vio venir. Porque ya no hay más monigotes pintando paredes: ahora son “artistas urbanos”. Y ya no hay más garabatos pintados en las fachadas de los edificios: ahora hay “críticas despiadadas a la sociedad de consumo”, “invitaciones a la lucha social cifradas estéticas figurativas” o “contenidos abstractos que apelan a la reflexión y la ironía”.

Y si no me creen, miren lo que afirma de su obra este delirante que inhaló todos los vapores tóxicos de la pintura en aerosol:

Siempre trato de balancear la crítica social con el equilibrio estético, moviéndome entre las influencias de John Cage (“el lobo no critica a la oveja, el lobo se come a la oveja”) y Levi Strauss (“¿por qué la belleza no puede además ser un llamado a la acción?”). Por eso todo mi trabajo está basado en ocurrencias diarias tendientes a materializar una fusión de mi propia individualidad con un mensaje de índole política.

Este tipo está pidiendo a gritos que alguien lo desfigure bien a trompadas. Habla de influencias, habla de balancear el componente estético con el mensaje político ¡y después se despacha con esta mierda de dibujo! Por el amor de Dios, eso ni siquiera tiene sentido.

Artistas eran los de antes. Los que retrataban a reyes y aristócratas en un lienzo. Los que creaban obras monumentales, que eran el orgullo de civilizaciones enteras. Los que fundaban una vanguardia… o los que se cortaban una oreja. Pero desde que la marica de Andy Warhol se puso a dibujar latas de tomates, el arte pasó a ser patrimonio de cualquier pelagatos capaz de colorear un papel, calzarse una gorrita con onda y comprarse una Macbook blanca financiada en 48 cuotas.

Y yo estoy muy harto. Harto de que estos fantoches me quieran convencer de que un papel con una figurita de los Super Amigos, una postal de Mar del Tuyú y un ticket del Coto pegado con Voligoma se haya convertido, de golpe y “porrazo” en una composición artística. Harto de que todos quieran ser Marta Minujin. Harto de que hablen de críticas sociales donde yo sólo veo un dibujito infantiloide. Harto de los muebles, la ropa, las revistas y los accesorios de diseñador. Y harto de los ilustradores afirmando, sin vacilar, que desde su más temprana infancia están obsesionados con la génesis y temperatura del color. Basta de las mentiras de los muralistas y los stencils. Basta de asumirse, orgullosos, como autodidactas, como si dibujar una pared tuviera la misma complejidad que una cirugía coronaria. Asuman de una buena vez que lo que hacen estuvo bien hasta los 4 años, y que si sus padres no les compraron las Plastipinturitas en su momento, hoy hay que superarlo. Que alguien los obligue a buscarse un trabajo digno. Que Duhalde tape los graffitis con afiches políticos. Que prohiban la venta de aerosoles. Lo que sea, pero que alguien le ponga fin a esta mentira.

domingo, septiembre 13, 2009

Extra, extra: esta moda del Stand Up me está hinchando un poco las bolas

Las mujeres no son tan brujas como los hombres las pintamos. De verdad lo digo. Lo que pasa es que a veces son la excusa perfecta para zafar de los planes de gente que, poco a poco, fue perdiendo todos los criterios de pertinencia.

La semana pasada un amigo me llamó para invitarme a un espectáculo de Stand Up e instantáneamente decidí que era preferible volver a quedar como un dominado y/o pollerudo que padecer esa mierda de plan para mi sábado a la noche.

Mauro: Mirá… no creo que mi mujer me deje...
Hinchapelotas: Vas a ver que te va a dejar… pasame con ella que yo le digo.
Mauro: No. No creo.
Hinchapelotas: ¡Pero dale!
(insistió) - Vas a ver que te va a dejar.

A veces me pregunto qué excusas expondrán los solteros cuando les proponen planes de esta calaña. Es como si cerrara los ojos y pudiera escucharlo, en este preciso instante, debatiendo trivialidades en un bar de San Telmo, cerveza caliente de por medio. Rodeado de gente rara (altísima densidad de tipos con el pelo largo atado), mucha jarra de cerveza (posiblemente rellenada con sobras de otras jarras… si es que alguna vez alguien dejó cerveza en esos bares) y mucha militancia en partidos minoritarios (todos socialistas, obviamente). Yo las llamo "las tienditas del horror".

Retomando, en un momento de la charla temí que su insistencia desbarate mi coartada, así que traté de encontrar un argumento más sólido que me permita pasar el sábado como se debe: en la cama mirando televisión.

Mauro: ¿Pero qué es toda esa mierda del Stand Up que está tan de moda?
Hinchapelotas: Es un hombre en un escenario haciendo un monólogo.
Mauro: ¿Y qué más?
Hinchapelotas: Nada más. Es humor inteligente.

Toda esa intelectualidad de pacotilla me rompe soberanamente las pelotas. “Es humor inteligente” dijo este boludo mientras se subía a otra moda pasajera. No podía pensar en otra cosa que no sea romperle la cabeza con un cigüeñal de Falcon Futura con techo vinílico.

Mauro: ¿No hay vedettes, ni escenografía, ni nada de eso?
Hinchapelotas: Esto no es Sofovich...
Mauro: Ya veo que no.
Hinchapelotas: Es sólo un hombre con un micrófono, la escenografía no es importante, lo importante es lo que dice.
Mauro: Entonces hagamos esto: yo te doy el valor de la entrada y vos le decís al tipo este que lo vengo siguiendo hace años pero que ahora estoy postrado a una cama y no puedo ir. Que me mande el guión del monólogo al mail. Total lo importante es lo que dice.
Hinchapelotas: ¿Pero cómo le voy a decir eso?
Mauro: Inventá que choqué a 300 con un Fórmula 3 y quedé tullido. No sé. Algo creíble.

Hinchapelotas: Ufff...
Mauro: Nadie mira la Fórmula 3, quedate tranquilo. Nunca se va a enterar.
Hinchapelotas: Qué pelotudeces que decís a veces.
Mauro: Si no tiene escenografía, ni vedettes, ni elenco, es mejor por escrito… ¿Qué sentido tiene encerrarse en un sótano con olor a pie de Taekwondista veraniego para ver a un tipo hablando con un micrófono? Decile que me mande el guión así me río mientras la enfermera me pone el papagallo.
Hinchapelotas: A veces pudrís Mauro.
Mauro: Y sí.

Al final me salí con la mía y me quedé en casa mirando tele.

Mi hipótesis es que el monólogo no es lo gracioso del Stand Up. Lo gracioso del Stand Up es ver a un tipo haciendo catarsis. Como cuando te topás con un loco que habla solo en Florida o Lavalle. Es lo mismo, la diferencia es que acá podés reírte del loco con la seguridad de que no va a llegar ningún defensor de los Derechos Humanos a hincharte las pelotas.

Fíjense que al final de cada gag siempre ponen cara de locos. Esa morisqueta es la clave de todo.

¿Qué hubiera sido de la carrera de Seinfeld, Jim Carrey o Chris Rock sin esa asombrosa capacidad para abrir sus párpados mucho más allá de los límites de sus iris? Esa es la parte más graciosa del show: la parte en que ponen abren mucho los ojos. Por eso les voy a ofrecer 3 ejemplos apelando a los temas más recurrentes del Stand Up: los equívocos y contradicciones, la cotidianeidad y la guerra de los sexos.

1) Equívocos y Contradicciones

Ahora las mujeres piensan que si no tomás Activia no cagás nunca más ¡Están como locas entrándole al potecito violeta para no llenarse el organismo de mierda! Y la otra es el Actimel que si no lo tomás te llenás de pestes.
¿Se dan cuenta cómo es esto? Si no tomás Activia no cagás. Y si no tomás un Actimel todos los días… ¡Cagaste!

2) Cotidianeidad (acá todos los temas, por ajenos que parezcan, son conectables entre sí).

¿Por qué cuando estamos apurados esperamos el colectivo en el medio de la calle? ¿Arriesgar la vida acelera la llegada del colectivo? ¿Y por qué hay triples de miga y no hay triples de relleno? ¿Quién es el pelotudo que quiere un sándwich con el triple de miga? Debe ser el mismo que cree que el colectivo llega más rápido si lo esperamos en parados en el segundo carril de la avenida!

3) La batalla de los sexos

Viste que tu novia siempre te rompe las pelotas con la pilcha: “que ponete unas zapatillas limpias”, “que esa remera está vieja”, “que tenés que afeitarte y emprolijarte el pelo”…

Y sin embargo Mariano Martínez o Luciano Castro nunca hacen de pediatras o de ingenieros civiles. Los tipos siempre hacen de mecánicos, de carniceros, de cumbieros… ¡y la puta de tu novia muere por ellos! Miralo a Osvaldo Laport. Es más feo que la mierda, pero lo disfrazaron de indio y las minas morían por él. Porque cuánto más negros son ¡más les gustan a ellas! A vos te rompen las pelotas para que estés de punta en blanco ¡y a las minas les gustan los negros! La excepción a la regla es Mike Amigorena. Un amanerado haciendo de puto. O viceversa. Hoy a las minas les gustan los negros y los putos. ¡Qué negras putas que son!