domingo, agosto 30, 2009

El taxista y las pelotillas

Advertencia: este texto puede inducir el vómito.

La semana pasada tenía que hacer una presentación a un anunciante así que me levanté media hora antes para repasar el trabajo. Es curioso: podés trabajar una semana entera en 3 campañas y sólo una hora antes de presentarlas te das cuenta de que hiciste todo mal. La primera propuesta superaba el presupuesto asignado en un 800%, la segunda impugnaba todo el manual de marca y la tercera, que hasta hacía unos instantes me parecía una lejana inspiración, ahora parecía un plagio literal con un ligero retoque cosmético. No sé por qué pero siempre es así. Una hora antes te das cuenta de todo.

Con los nervios propios de la hora fatídica me subí a un taxi, indiqué las coordenadas de destino y seguí repasando mis fotocopias. Tomamos por Libertador y, al pasar por los Parques de Palermo, el taxista aminoró la marcha de su rodado e interrumpió mi lectura con su voz cigarrillera:

- Naaa… no puede ser. Mirá las “cachas” que tiene esta hija de puta…

Ese cerdo detestable venía manejando a paso de hombre atrás de una mujer que corría por el parque. Tenía unas calcitas grises, una musculosa fucsia (creo que así se le llama al rosa gritón) y el pelo recogido. Era una chica apetecible sin ser despampanante, de esas que ameritan desviar la mirada y seguir adelante con nuestras vidas sin mayor indignación. No para más. Con un sector todavía asexuado de alguno de mis lóbulos cerebrales, atiné a cuestionar el momento en que otorgué a este energúmeno la confianza necesaria para hacerme perder la onda verde con la excusa de revelarme sus instintos más básicos. Pero antes de terminar de elaborar la situación, este sujeto me miró de reojo por el espejito y arremetió con todo:

- ¿A vos te gustan las minas, no?

Ya no había vuelta atrás: esa pregunta siempre tiene atisbos de acusación. Así que puse en pausa la elaboración intelectual y contesté sin titubeos, impostando voz grave para que no queden dudas, tipo como la de Cae en “Desierto sin Amor”.

- Sí, sí… más vale…
- Menos mal… a ver si metía la pata…
- No… todo bien.
- Ufff… ¿Vos sabés todo lo que le haría a esa pendeja?

Y seguía, relamiéndose, frente al semáforo que él mismo me había hecho perder. Ya estaba resignado: diez minutos revisando las fotocopias no iban a cambiar nada así que, un poco por compromiso, sentencié:

- Y sí, ni hablar… era una terrible perra.

Los usos y costumbres aseguran que un hombre no debe esquivar una charla chabacana. Supongamos que se encuentran 2 hombres: uno quiere hablar de sentimientos y el otro quiere hablar de culos y tetas. ¿De qué terminan hablando? De culos y tetas. Ahora supongamos que uno quiere hablar de familia, trabajo, política o deporte y que el otro quiere hablar de culos y tetas. ¿De qué terminan hablando? De culos y tetas. Es así y hay que respetarlo. De hecho es uno de los pocos usos y costumbres pensados para hacer la vida más llevadera. Por eso dije “terrible” y por eso dije “perra”. Así, con muchas erres, como quien dice “cerda regalada”. Es impulsivo y visceral, pero las erres le dan cierta elegancia para que la transición no quede muy forzada.

- Seeeeee… (dijo con la boca a un costado, extendiendo el monosílabo hasta límites insospechados)… de ese culo no me sacan ni con orden judicial… le como hasta las pelotillas del orto.

Instintivamente se me fruncieron la frente y el entrecejo, aunque -para ser sincero- no supe específicamente de qué me estaba hablando. ¿Qué eran las pelotillas del orto? ¿Y cómo nadie me había hablado antes de ellas si estaban tan buenas? ¿O serán las hemorroides? No... no puede ser eso. ¿Pero qué otra cosa puede ser? Debe ser una hemorroide. ¿Pero cómo va a saber si la mina tiene o no hemorroides? ¿Y por qué le seguí la corriente a este demente si no había ninguna obligación? No lo sé, pero lo que más intrigaba era saber qué eran esas pelotillas y qué lleva a un hombre a querer ocuparse de ellas, sean lo que sean, teniendo todo el resto de la mujer a su disposición. Porque una mina que te entrega las pelotillas de su orto, seguro que te da lo que le pidas. Al menos eso pensaba yo, que no sabía qué eran estas pelotillas.

Mientras buscaba una respuesta me percaté de que habían pasado como 30 segundos y él no había emitido palabra alguna, así que decidí que la necesidad de retroalimentar el diálogo había prescripto y me llamé a silencio. Por fortuna la música brotaba por los parlantes del auto para disimular la incomunicación que acababa de generarse. Creo que era Led Zeppelin o alguno de esos. Recuerdo que mientras padecía esos acordes demoníacos empecé a teorizar una nueva clasificación musical. Así como las películas deberían dividirse entre “las de tiros” y “todas las demás”, la música debería clasificarse en 2 grandes géneros: “la que te da ganas de garchar” y “la que te quita las ganas de garchar”. Porque Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath, y todas esas porquerías que tanto le gustan a Bobby Flores, es música que te quita las ganas de garchar. En cambio los ritmos más masivos son de cachondean el ambiente e indirectamente inducir al garche. Ponelo así: los Stones te calientan, Pink Floyd te enfría. Salís de un recital de Phil Collins y sólo querés que tus amigos se vayan bien a la mierda para irte a dormir cucharita con una ex. Salís de un recital de Peter Gabriel y sólo querés subirte a una moto de baja cilindrada con tus 2 amigos para irte a jugar al pool en un bar de Congreso. Creo que es un tema a tener en cuenta a la hora de ir a un recital y la prueba irrefutable de que todos los que piensan que el Genesis de Peter Gabriel es mejor que el de Phil Collins, son putos.

De repente el taxista empezó a toser como un condenado interrumpiendo mi ejercicio de teoría musical. Giré la cara tratando de refugiarme en un rincón de aire no viciado y escapar de los millones de gérmenes que este monstruo aberrante había liberado. Fueron como 5 tosidas seguidas y yo omití inhalar durante 15 segundos por miedo a tragar la pestilencia emanada de su catarro rasposo (noten la potencia de las erres). Andá a saber las enfermedades que puede tener un hombre que succiona pelotillas de orto. ¡Cierto! ¡Las pelotillas del orto! Por un momento lo había olvidado. Y tenían que ser hemorroides, porque no hay otra opción... para serles sincero, después de casi 50 cuadras compartidas con este hombre, y una vez superado el pudor inicial, me estaba empezado a parecer un poco más natural su fetiche. Como la muerte y los medicamentos, que tardan un rato en asimilarse en el organismo. Al fin y al cabo todos comemos morcilla y una hemorroide es algo así como un chupetín de morcilla. ¿O no? Seguí repasando mis apuntes y garabateando anotaciones al costado del texto con bocadillos que metería “espontáneamente” durante la reunión. En la radio hablaban de incontinencia urinaria y ya estábamos llegando a destino. Recuerdo que imaginé la posibilidad de que un hombre con incontinencia urinaria muera electrocutado mientras dormía con su mantita eléctrica y, mientras lo hacía, volví a notar que el taxi avanzaba a paso de hombre, pero esta vez era responsabilidad del tránsito del microcentro. Estaba llegando tarde así que decidí bajarme y hacer las últimas 4 cuadras corriendo.

- ¿Sabe qué? Esto no avanza. ¿Le jode si me bajo acá que sino llego tarde?
- No hay problema, son $14
- Cobre $15.
- Bueno, gracias.
- Chau, que tenga un buen día.


Voy a confesarles que tengo una cábala. Una sola por suerte. La cuestión es que estoy absolutamente convencido de que si el taxista no me devuelve el “que tenga un buen día”, me está condenando a tener un día de mierda. De verdad. Por eso siempre lo pongo a prueba: antes de bajarme del taxi le deseo un buen día al taxista y el 85% me lo retribuyen, pero el 15% me cagan el día.

- Chau pibe, vos también, que tengas un buen día.

Entonces respiré aliviado, convencido de que no me iría tan mal en la presentación.

- Gracias… ¿sabe me quedé pensando en eso de las pelotillas del orto? son… ¿las hemorroides, no?



(La respuesta, en los comentarios).

lunes, agosto 24, 2009

Las mujeres y los autos

xxxx:
el lunes llego de laburar a las 10 de la noche...
xxxx:
mamá todos los lunes usa mi auto porque va al centro a un curso y sino le sale muy caro el estacionamiento con la camioneta.... (muy rata, sí)
xxxx:
entonces llego con la camioneta de ella a casa y veo un auto negro en la puerta
xxxx:
le hago luces, bocina... todo el quilombo y el auto no se mueve
xxxx:
abro el porton para que se de cuenta que quiero entrar.... y el auto arranca y entra a mi garage!!!

xxxx:
mi cara de cagazo, imposible... no sabía quién carajo era y encima se estaciona en mi cochera... este es un chorro pensé...
Mauro dice:
y quién era?
xxxx:
a los 5 min se baja de ese auto MI VIEJAAAAA!!!!
xxxx:
osea.... recapitulando... mi madre bajandose de un FOX NEGRO cuando mi auto es un FIT NEGROOOOOOOOOOOOOOO
Mauro dice:
NOOOO! y qué pasó??????????!!!!!!!!!!!!
xxxx:
se confundió y se trajo otro auto del estacionamiento....
Mauro dice:
NOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Mauro dice:
tu vieja está senil !!!!!!!!!!

xxxx:
manejando por toda la capital hasta el pueblo con el auto de otro tipo......
Mauro dice:
jja aja ja jaj aja jajjajajjaajja jajaajjaj ajaj ajja aj ja j
xxxx:
y se dio cuenta en la puerta de casa... porque no encontro el control del porton de la cochera!!!!!
xxxx:
yo ya me imaginaba en policias en accion... por robo de auto... gritando NUNCA SE DIO CUENTA DE NADA!
xxxx:
ya estaba planenado que le iba a decir a la policia cuando nos parara cruzando la general paz: "Te explico... es que mami se trajo otro auto a casa... entendes?.. pero fue de colgada nada mas... ahora estamos yendo a devolverlo...."

miércoles, agosto 12, 2009

Nociones básicas de Marketing

No es ninguna novedad que los publicistas somos seres superfluos, pretensiosos y detestables, pero alguien debería hacer notar que la gente de marketing no se queda atrás. Hasta hace unos años los marketineros segmentaban por “variables duras” y el mundo era un lugar lleno de targets, pero más feliz: si vos eras hombre, tenías 45 años, estudios universitarios y un ingreso abultado, ellos decían que leías La Nación, usabas una American Express dorada y vestías en Giesso… o en James Smart. Si vos eras mujer, tenías 27 años y trabajabas de administrativa contable, ellos decían que te comías hasta un ladrillo si le ponían la etiqueta de Ser, que lavabas tu pelo con Sedal y que comprabas la Para Ti religiosamente.

Simplista, pero no tan alejado de la realidad.

Pero hoy la moda es segmentar por lo que los marketineros llaman “variables blandas”: una descripción políticamente correcta de lo que ellos consideran que hacen, quieren y piensan sus consumidores. Hoy los productos están orientados a personas “activas, optimistas, y espontáneas, que aprendieron a aceptarse como son, que consideran que el éxito en la vida va más allá de lo material, que son individualistas pero tienen conciencia social de su entorno, que se cuidan pero sin obsesionarse, que buscan nuevas experiencias y que sienten que aún no existe la marca que les hable directamente a ellos”.

El 99% de las marcas creen que sus consumidores son así. El problema es que después los marketineros temen que sus marcas se confundan con otras…

Creativo fumón: Se nos ocurrió que venga un chico corriendo por la calle y entonces…
Marketinero: No… corriendo no. Si corre da muy Gatorade, nosotros no somos tan activos.
Creativo fumón: Tenemos otra propuesta en la que llega un chico en patineta y entonces…
Marketinero: No… en patineta no. Es muy Sprite…
Creativo fumón: Entonces quizá puede venir cantando, a los saltitos…
Marketinero: ¿Pero eso no lo hizo Dánica?
Creativo fumón: Quizá puede llegar en un caballo si quieren…
Marketinero: ¿Pero eso no es como el cowboy de Marlboro?
Creativo fumón: ¿Lo hacemos llegar volando?
Marketinero: En la última de Levité creo que volaban un poco...

Los tipos te cortan las piernas. Por eso mi propuesta es basarme en la observación sistemática para determinar, en forma irrefutable, cómo es el usuario de cada marca. Sin tantos rodeos:

Autos: el fanático de la Chevy suele ser alcohólico y golpeador. El fanático del Falcon es un asiduo consumidor de amargos, reniega día y noche de todo y le gusta la timba. El usuario de Fiat le pide muy poco a la vida y siempre lleva una franela naranja en la guantera. El usuario de Peugeot se cree más de lo que es. Los usuarios de Renault se dividen entre mandapartes y dominados por la mujer. Generalmente son petisos. En importados: el fanático de BMW cree que con Menem estábamos mejor, el de Alfa Romeo siempre sale con gatos teñidos que rajan la tierra y el de Honda es el estereotipo del tilingo. El usuario de Chevrolet Corsa es pelotudo por definición.

Gaseosas: el que toma Fanta es inmaduro, el que toma Sprite nunca juega al fútbol, el que toma 7up está mal del estómago. El que toma Coca-Cola es familiero y regalón, el que toma Pepsi vive en zona Sur, adora comer fiambre en cubos y es fanático de alguna banda nacional muy de mierda, como "Árbol", "Kapanga" y similares. El que toma Goliat es bagayero, opina que “todo suma” y en los restaurantes siempre pregunta si el plato es abundante. El que toma Paso de los Toros viste pantalones que le marcan los huevos, no sé bien por qué pero es así.

Alimentos: el consumidor de Patynesa tiene cucarachas en la cocina pero ya se acostumbró. El comprador habitual de Savora usa mucho la expresión “a todo trapo”. El consumidor de productos Granja del Sol lava los platos “a la así nomás”. El consumidor de Arroz Gallo Pronto con salsas deshidratadas es soltero, fuma marihuana y come de la olla. El asiduo consumidor de Purecica mastica con la boca abierta y falta seguido al trabajo “porque se siente mal”. El consumidor de mayonesa Ades sin huevo es depresivo y piensa en el suicidio con recurrencia, pero no tiene los huevos para concretarlo.

Higiene personal: el hombre que usa Rexona fue a colegio Industrial y usa el celular abrochado al cinturón. El hombre que usa desodorante Kosiuko tiene un 206 pistero, usa remeras apretadas y escucha Vilma Palma. El hombre que usa cualquier tipo de mousse o spray fijador Studio Line se sienta en el muñeco. El usuario de Lord Cheseline cree que los putos son enfermos y que hay que recluirlos en una isla para que no contagien a la población sana.

(Continuará en los comentarios).

miércoles, agosto 05, 2009

Pisteros

Como los públicos se renuevan y este texto tiene casi 3 años (y siento que en su momento ningún pistero me puteó lo suficiente) voy a reeditar "Pisteros" que fue uno de los textos que más me divirtió (obvio que va a saltar algún quejoso a decir que me tiré a chanta, pero tengo un 100% Lucha contundente para callarlo en el corto plazo). Así que ahí va.

Pisteros
A nivel científico el pistero es material genético defectuoso: se trata de un organismo que depende de su auto como el enfermo terminal de su respirador. La psicología lo definiría como una persona que invierte en su auto la totalidad de su tiempo y sustentos para silenciar una carencia mucho más profunda originada en su temprana infancia. La sociología lo definiría como una desgracia cívica co epicentro en las redes viales del segundo cordón bonaerense. Y los estudiosos del ceremonial, dirían que son un flagelo al buen gusto y un golpe certero a las buenas costumbres.
Lo único que podemos afirmar sin temor a equivocarnos, es que de lunes a viernes el Pistero es un simple profesor de Tae Bo en un gimnasio de olores rancios, un DJ ochentoso en una boite de solos y solas o un turbulento vendedor de autos -con Máster en truchar odómetros-. Porque el pistero nunca hace uso de su rodado durante la semana. Sin embargo, con la llegada del viernes a la noche, el pistero surge entre las sombras e inicia la relación simbiótica con “la nave”. El cronograma de actividades -que siempre tiene por protagonista a su carromato horrible- incluye reunirse con otros pisteros en una estación de servicio, iniciar una caravana de la muerte a “la Lugones” y organizar carreras demenciales de madrugada por Av. Libertador, en las que el ensordecedor ruido de sus escapes termina siempre mutando en una silenciosa pero desesperada búsqueda de prostitutas y travestidos por Constitución.
El domingo temprano, el pistero despierta para lavar su auto con ceras y shampúes de estratosférico valor antes de reunir su reluciente cacharro con el de otros oligofrénicos posesos a un costado de la General Paz. Varias horas después -totalmente insolados pero felices- vuelven a la estación de servicio, invaden el estacionamiento del Auchán "para hacer una sesión de fotos” o se reúnen con otros excluídos sociales a hablar de alerones, llantas y sapitos con luces de leds. La velada termina en sus casas, sintonizando algún nefasto programa de El Garage TV o una de las tantas secuelas de Rápido y Furioso. Este cronograma, viciado y demoníaco, se modifica una vez al mes, día en que los pisteros organizan una multitudinaria reunión para embutirse con vísceras de vacuno y jarras de vino tinto en un tenedor libre que falseó todos sus controles bromatológicos.
De todos los mencionados, la estación de servicio es “el” lugar del pistero. Para ellos no es sólo un lugar para reabastecer combustible: es su cofradía, su templo, su Taj Mahal. Un lugar con una mística y códigos propios. Por eso el pistero siempre comienza a acelerar 2 cuadras antes de pasar por ella: jamás se perdonaría que en la estación descubran que a veces conduce a menos de 160 km/h. Los líderes de estas manadas se suelen movilizar acompañados de negras horribles aunque siempre platinadas. Es justo decir que estos especímenes de crines oxigenadas suelen portar culos prodigiosos que les permiten migrar de auto en auto y de falo en falo con una velocidad mucho más notable que la de los autos de estos enajenados.
Por un problema motriz que afectó sus mienbros inferiores durante la pubertad, un pistero de ley sólo concibe sólo 2 posiciones para el acelerador: "Apagado" y "A Fondo". Esta rutina, tan básica como estúpida, define por completo sus tácticas de manejo aguerrido, pero para estos infradotados al volante, pilotear un auto es estar al filo de la muerte a cada instante. Para el pistero ningún auto sale de fábrica apto para su uso: con la rigurosidad con que se aplica el calendario de vacunación en un recién nacido, el pistero siempre comienza por el kit básico: “Caño, Plancha y Polara” pero a pesar de esta generalización, su auto nunca es uno más. Su auto siempre es “la mejor Civic del mercado”, un “Palio que salió muy bien parido de fábrica” o “una Goleta mejor que 0 km”.
El pistero mantiene una relación de complicidad con su mecánico: un mecánico fiel jamás divulgaría que ese auto está en realidad fusilado de motor, caja y tren delantero y que varios de sus paneles tienen pedido de captura. Si bien algunos energúmenos dejan su auto 1 año en manos de sus mecánicos para volverlos más rápidos (transformándolos en unos cachivaches inmundos que los dejan a gamba día por medio en las zonas más marginales del país), siento necesario hacer notar que la mayoría de los autos pisteros andan menos que sus homónimos en estado original. Llantas, alerones, toneladas de parlantes y todos esos aditamentos luminosos en autos que de pedo salieron de fábrica con la potencia justa para moverse con relativa dignidad, surten el mismo efecto que la altura ecuatoriana en un asmático crónico. Pero una vez que empezó, el pistero no puede parar, incluso algunos dementes afirman convencidos que el auto “le pide las llantas”. Un pistero dogmático jamás arreglaría las grietas del chaperío que materializa su pocilga si eso pusiera en riesgo la compra de un Kit Aerodinámico (traducción: un montón de plásticos para ubicar en cada extremo de su inmundo rodado). Prioridades son prioridades y el auto es siempre la primera porque el pistero “nunca le escatima en nada a su auto” y a la hora de venderlo “ya aparecerá un novio que la pague lo que vale”.

lunes, agosto 03, 2009

Motorola QA1

Motorola se contactó con varios bloggers y otros usuarios de redes sociales para que les presentemos sus nuevos teléfonos: el A3100 y el QA1, que es el que me tocó.

El QA1 es el quinto Motorola que tengo: del primero no me acuerdo el modelo pero imagínense que era más grande que el QA1 con la caja incluída (¿dónde llevábamos esos aparatos? ¿Alguien se acuerda?). Después vino la segunda generación del célebre Startac (irrompible mal, los que estábamos "en la pomada" teníamos el de pantalla verde). El tercero fue el V300 (cuando me lo entregaron me quedé mirando la pantallita color como 18 horas seguidas). Después vino el Rokr E1 (coincidente con mi etapa más bolichera, tenía luces rítmicas al costado. Lo amé, me acuerdo que fuimos a comprarlo 3 amigos a la vez y nos enojamos porque no nos dieron números consecutivos -así de pelotudos éramos-) y después el L7 (que pasó inadvertido a la sombra del archiconocido V3, pero estoy convencido de que el L7 es al diseño de celulares lo que "Chanel" al diseño de modas).

Y ahora Motorola me entregó el QA1 que no puede tener más onda. El QA1 es un Slider con teclado QWERTY (tiré 2 tecnicismos para parecer entendido) y está orientado a redes sociales, con acceso directo a Facebook, con A-GPS, cámara de 2 Megapixels con flash de led y Zoom de 8x. ¡Ideal para sacar fotos de elbenito y subirlas a Facebook en tiempo real!

Así que a partir de ahora las fotos del blog serán mucho más decentes. Muy pronto les voy a estar contando de Feeders, la nueva red social de Motorola que se viene con todo.