sábado, febrero 28, 2009

Mujeres que hay que conocer antes de morir. Hoy: las chicas Monet.

Cada vez que le contás a un amigo que estás saliendo con una mina hay una pregunta ineludible que tenés que responder: “¿está buena?”.

Ni sé por qué la hacemos, es impertinente, incómoda y superficial. Un desubique absurdo que apenas superados los 30 aprendemos a contener, quizá por pudor o quizá por la actualización periódica de los códigos de amistad: con el paso de los años los amigos empezamos a incluir dosis apenas perceptibles de respeto mutuo.

También puede ser porque en determinado momento el aspecto pasa a segundo plano y resulta apresurado preguntar lo verdaderamente importante: si te rompe mucho las bolas.

Pero hubo una vez que ese molesto improperio resultó revelador:

Tomás: “¿Está buena esa Melisa?”
Mauro: “Está buenísima”.
Tomás: “¡De lujo! ¿Cómo es?”
Mauro: “Pará… estoy pensando algo…”
Tomás: “¿Qué tenés que pensar?”
Mauro: “Es que está buenísima… pero me acabo de dar cuenta de que en realidad es horrible”.

Aunque parezca contradictorio la verdad era esa: Melisa estaba buenísima pero era horrible. No respetaba ningún parámetro de belleza ni era exótica en el sentido almodovariano, pero definitivamente no pasaba desapercibida. De hecho era un compendio de peculiaridades físicas difíciles de pasar por alto. A saber:

- Altura de ewok.
- Miembros inferiores de canguro australiano.
- Miembros superiores de T-Rex.
- Seno “bolsillo de camisa” (aquel pecho cuyo botón se ubica en el tercio superior de la mama).
- Nariz de Halcón Peregrino.
- Un pelaje que dependía del alisado riguroso para no convertirse en un gorro de piel de mapache.
- Secuelas dérmicas propias del abuso de la cama solar.

Sinceramente no me había percatado de que Melisa era sumamente parecida a Alf con peluca.

¿Qué le veía? ¿Cómo no había notado que salía con un bicho escalofriante? ¿Sería que la iluminación del boliche la favorecía? ¿O era su vestuario exhibicionista que dejaba poco y nada librado a la imaginación? Había un poco de eso pero la clave era el contagioso exceso de confianza en sí misma que emanaba. Melisa entendía todo, era como una criatura del pantano con complejo de diosa del olimpo: ese amor propio la hacía irresistible.

Al poco tiempo Tomás y yo terminamos maravillados con esta variedad recién descubierta, evolución darwiniana de la mujer standard pero que utiliza todos los recursos a su alcance para prevalecer entre la masa. Tal era nuestra fascinación por “las horribles que están buenísimas” que les pusimos un sinnúmero de denominaciones afectuosamente crueles: Las Cenicientas, Las Sirenas (cruza de diosa y pescado), Las Envase Retornable, Las "Quelevén" y Las "Distancia Prudencial". Pero la mejor denominación fue la que Alicia Silverstone esgrimió en "Clueless", las Chicas Monet.

Las obras del principal nombre del impresionismo se caracterizaban por ser excesivamente sensibles a la distancia del observador. Monet no mezclaba los colores en la paleta sino que lo hacía en el cuadro a través de puntos que obligaban al observador a mantener cierta distancia para apreciar la mezcla cromática. Si el espectador se acercaba demasiado se revelaba el pastiche. Y Monet cedía su nombre a aquellas cerdas que de lejos son increíbles pero que al acercarse son, literalmente, una patada en las bolas.

Melisa era una chica Monet: abusaba del bronceado, los pantalones cometrapo y los tops fluorescentes. También tenía una colección de gorras y anteojos de sol que en consonancia con su flequillo le concedían una indiscutible imagen petera. Se la pasaba hablando de ropa, del gimnasio y de su culo, que para ser objetivo ni siquiera estaba tan bueno, pero de tanto mencionarlo te terminaba convenciendo de que su orto era casi una celebridad barrial.

Es curioso, pero las chicas Monet huelen todas parecido, creo que es una mezcla de cama solar, humectante Nivea, Pachuli y cigarrillo; siempre tienen entre 2 y 3 tatuajes descoloridos y algún piercing.

Si bien la mayoría son recepcionistas en Silver Solarium o Megatlon, hay muchas que son universitarias y administrativas, de hecho mi ejemplar trabajaba en un banco.

Melisa se sacaba cientos de fotos donde quiera que fuera: “tomando Ketamina con Guti”, “las diosas del verano en Pina”, “mezclando Rivotril y otras porquerías en Pachá”, “compartiendo Cosmopolitans en el Soul Café” o “todas juntas en la fiesta del Animal Print”. Las chicas Monet viven enamoradas de sí mismas, ¿cómo no estarlo nosotros de ellas?

Pero al poco tiempo me di cuenta que en realidad sólo nos enamoramos de su autoestima, su fotogenia y su bronceado. La principal motivación de los hombres no es apropiarnos de una Monet, sino privarle a otro la ilusión de tenerla.

Si Melisa fuera un auto sería un convertible italiano: perfecta para sacarse las ganas un verano hasta que llega el primer día de lluvia y con él la convicción de que lo que querés es sacártela de encima. Y así fue, de a poco dejé morir la relación: “hoy no puedo, mañana tampoco y pasado no sé” hasta que ella tomó la determinación. Pero la verdad es que había aparecido una nueva peculiaridad física que no pude aceptar:

Mauro: “El otro día fuimos al Unicenter y me di cuenta que arrastra los pies al caminar. No la aguanto más.”
Tomás: “¿Pero mucho?”
Mauro: “Constantemente”
Tomás: “Qué desastre… capaz son los tacos de prostituta que usa”
Mauro: “No sé, pero esta relación así... no camina”

jueves, febrero 19, 2009

Marroc

Tengo una idea desopilante para una nueva campaña de Marroc y la tengo que compartir con ustedes. Estamos en una calle desierta de la periferia de Temperley. La vemos a Jésica Cirio caminando sola mientras come un Marroc y pasea un coqueto Yorkshire Terrier. Jésica viste un sugerente pantalón de vinílico blanco y tacos aguja de 15 cmts. Se está haciendo de noche y Jésica camina provocativamente, cada uno de sus movimientos es una invitación al pecado (esta caminata se mostrará en cámara lenta, resaltando toda la sensulidad de Cirio: cada uno de sus pasos, el movimiento de su cadera, sus labios degustando el Marroc y cómo introduce su dedo índice en su boca para disfrutar el chocolate derretido que marcaba sus huellas dactilares). Jésica contrasta con el bucólico paisaje de la zona, plagado de veredas rotas, paredes cubiertas con pintadas soeces y zapatillas colgadas en clara señal de zona liberada.

Ahora vemos cómo avanza por la misma calle un colectivo transportando a la barrabrava de Deportivo Laferrere. Están el Gordo "Cabeza de Poronga", el "Trípode" Gutiérrez, el "Violín" Gómez y otros 35 malvivientes y prófugos de la justicia envueltos en las banderas de su club. Están descamisados: hacemos un paneo por sus torsos sudorosos y peludos que revelan un sinnúmero de cicatrices y tatuajes tumberos. La música crea una atmósfera muy heavy: la calle está desierta y "los chicos" aguardan espectantes el momento para cometer alguna de sus fechorías.

Entonces se corta el aire. Ese colectivo tambaleante se detiene frente a la Cirio y estos 40 descamisados sacan sus manos y sus cuerpos enardecidos por las ventanas del ómnibus. Es un griterío infernal en una calle desolada que en silencio sugiere una brutal impunidad. Entonces la hinchada empieza a aplaudir rítmicamente contra la carrocería del colectivo como si este fuera un enorme tambor de chapa al que castigan sin pausa:

PAF! PAF!! PAF!!! PAF!!!! PAF!!!!!

Los golpes sobre la chapa caliente son cada vez más fuertes y el colectivo se sacude para todos lados, es un caldo de cultivo a punto de hervir. PAF, PAF, PAF. Uno a uno comienzan a sumarse silbatos, cornetas, bombos y la música se convierte en una gran orquesta de cancha. La Cirio está paralizada, muerta de miedo: un plano corto muestra cómo deja caer la correa de su cánido que se hizo pis encima. Jésica empalicede, sabe que su vida corre peligro y que no eligió la indumentaria más adecuada para pasear su voluptuosa humanidad por la marginalidad de un Temperley desolado. Entonces la hinchada empieza a corear con voz gruesa:

"Entregá el Marroc... entregá el marroooc... entregá el marrooooc... entregaaalo de una veeeez... "

Ahora vemos el logo de la marca y la imagen se abre en un plano en el que vemos a la Cirio alentando a Deportivo Laferrere con la barrabrava, todos comiendo Marrocs. Cuando Deportivo Laferrere hace un gol, todos se abrazan a los saltitos con Jésica y levantan sus Marrocs en alto.

lunes, febrero 16, 2009

Mujeres que hay que conocer antes de morir. Hoy: la Vivita.

No importa el tópico de discusión, la Vivita tiene una ironía, una opinión polémica y una suposición irrefutable para todo. Esta variedad de mujer es una auténtica tira-bombas cuyos gustos, ideologías y preferencias son forzosamente minoritarias, circunstancia que la habilita para ir al choque en todo momento y lugar excusándose siempre en sus rictus de excentricidad forzada.

En cierto momento de la vida de todo hombre, este hecho no hace más que enamorarnos perdidamente. ¿Cómo puede una mujer ser tan diferente a las demás? ¿Cómo es posible tanta sagacidad en una sola mujer?

Pero a los pocos días la verdad sale a la luz: detrás de cada frase ocurrente, de cada pensamiento ácido y de cada conclusión ingeniosa, aparece siempre el copyright jamás pagado a un ex novio. Por si el concepto no quedó del todo claro: cada vez que una vivita dice algo que despierta nuestra admiración, es que se lo robó al ex.

Las vivitas se valen de un sinnúmero de excentricidades impostadas para calzarse el disfraz de diferentes. Una vivita nunca va a exponerse al “pop prefabricado” de Britney Spears o disfrutar las “cursilerías” románticas de Cameron Diaz o Leonardo Di Caprio como lo hacen el resto del universo femenino. Ella "está para más". Por eso la encontraremos ocupada reforzando su estereotipo excéntrico con refinadas piezas del cine iraní, impecables tracks del pelotudo de Franz Ferdinand, o encerrada en un zótano mohoso disfrutando alguna valiosa expresión artística del under. La vivita siempre milita en la izquierda más socialista o el fascismo más radical. Es un poco geek, bastante feminista y siempre es fanática de algún Cómic o Animé, circunstancias que -nadie sabe bien por qué- proyectan una imagen perspicaz sobre su persona.

Una vivita que se precie de tal está obligada a fingir un ataque de epilepsia fotosensible cada vez que aparecen en pantalla Belén Francese o Karina Jelinek. La vivita siempre es atea, existencialista o ambas a la vez. Para justificar su elección adora hacerse la rebelde y esgrimir, en pleno siglo XXI, los mismos argumentos que en el siglo XIII la hubieran llevado a la hoguera y hoy apenas logran que una tía practicante la mire de reojo en la cena de Navidad. En un vano esfuerzo por exacerbar su peculiaridad forzada, las vivitas se ríen de los que siguen las modas, los que miramos a Tinelli, los que todavía usamos el Internet Explorer, los que nos sabemos las canciones de la radio, los que festejamos San Valentín o los que creemos que Yabrán efectivamente murió: para la vivita hacerse la superada, dudar sistemáticamente de todo y fabricar improbables teorías conspirativas es sinónimo de lucidez.

Toda esa pretensión de inteligencia es lo que provoca el flechazo inicial y lo que nos obliga a odiarlas, apenas 2 semanas más tarde, cuando ya conocemos todos sus trucos. Laura era una vivita y ese fue el tiempo que duré con ella. Estábamos cenando, yo me pedí una Fanta y ella pidió cerveza. Ningún hombre aguanta a una mina que toma cuando él no toma, así que tomé una determinación:

Mauro: Creo que no tendríamos que salir más… no sé si me divierto tanto como antes y creo que a vos te debe estar pasando lo mismo.
Laura: Yo también noté que vamos al choque muy seguido.
Mauro: Sí... sos como muy polémica (y no me banco cómo te vestís).
Laura: Sí, todos los hombres dicen querer una chica con carácter pero después prefieren las sumisas.
Mauro: Yo creo que es porque vas al choque siempre con todos y no quiero vivir creyendo que los mozos me escupen la comida porque escucharon alguno de tus comentarios polémicos.
Laura: ¿De verdad crees eso?
Mauro: Sí.
Laura: Entonces sos un pelotudo importante.
Mauro: Y vos sos muy polémica... y la verdad que si quiero ver polémicas miro a Chiche Gelblung.
Laura: ¿No ves que sos un pelotudo?

viernes, febrero 13, 2009

Arte

Autor: Mauro.
Título: Delfines sobre el Mediterráneo.
Técnica: Uñas hediondas del pie sobre acrílico traslúcido.

martes, febrero 10, 2009

Revelación

Las mujeres que llevan las tarjetas de acceso a la oficina atadas a la cintura tienen una sola velocidad de peteo.

Explicación:
Para que una mujer anteponga la funcionalidad a la elegancia tiene que haber un fuerte elemento condicionante. En este caso ese elemento es el cigarrillo.
Las mujeres que se atan la tarjeta de acceso a la cintura son fumadoras empedernidas que dependen de sus 10 centímetros de nicotina envuelta cada media hora para soportar sus tristes existencias.
Esa es la razón por la que deciden enfrentar la vida con la tarjeta de acceso siempre a mano. Así es como salen de su trabajo, fuman como escuerzo y vuelven a llenar la planilla de Excel. Salen de su trabajo, fuman como escuerzo y vuelven a llenar la planilla de Excel. Salen de su trabajo, fuman como escuerzo y vuelven a llenar la planilla de Excel. Y así indefinidamente.
Posteriormente, y de tanto repetir ese círculo vicioso, adquieren como propia la rítmica cigarrillera: esa misma frecuencia de inhalación y exhalación es la que aplican al momento de fumarte el habano. Básicamente esa es la explicación.

lunes, febrero 09, 2009

Que sepa lavar, que sepa secar.

El viernes la vida me presentó una de esas duras pruebas para las que nunca estaremos preparados. Un SMS de mi novia me ponía en actos como si fuera un baldazo de agua fría:

Vino el tipo del service del lavasecarropas nuevo y dice que es normal que seque así.

“Que seque así” debe interpretarse como “que nos haga verga toda la ropa y nos queme todo”. Lo dicho puede parecer un tanto supérfluo como para catalogarlo de un modo tan catastrófico, pero sucede que el ténder me deprime, me arruina la vida, me quita las ganas de vivir. Necesito evitarlo a como dé lugar.
Mírenlos bien: son la tristeza materializada. Irradian miseria, desgracia y desamor, odio los ténders con todo mi ser, por eso el service era mi última esperanza de zafar de ese artefacto indigente invadiendo mi espacio personal. Así fue que envuelto en una ira abrumadora llamé al Servicio Técnico nuevamente solicitando una explicación.

Mauro:
Hola, yo ya hablé con vos… soy el que compró el lavasecarropas de última generación que te incendia toda la ropa. ¿Te acordás?

Minita del Service: Ya mandamos a una persona para que lo vea.

Mauro: Sí, ya vino. El tema es que dice que es normal que nos incinere la pilcha.

Minita del Service: No creo que lo haya dicho así.

Mauro: No sé cómo lo dijo, pero no le hizo nada al aparato porque según él, así está bien.

Minita del Service: ¿No sería que pusiste telas muy delicadas con mucho calor?

Evidentemente Minita del Service me estaba tomando por pelotudo. Eso, o pensaba que hasta ayer vestía con taparrabos y mi novia me los lavaba en un balde con jabón Federal mientras yo salía a cazar jabalíes y mamuts con una cachiporra para procurar el alimento de la prole.

Mauro: Decime una cosa… ¿este es un reclamo recurrente o soy el primero que llama por este motivo?

Minita del Service: Ese lavasecarropas en particular seca a 140° que es la temperatura más alta de todos los lavaseca, pero…

Mauro: (interrumpiendo) ¡Te agarré! ¡Me vendiste una jodida hoguera para la ropa!

Cuando Minita del Service se vio acorralada optó por recorrer el camino del discurso sofista y la perorata sin sentido: primero se refirió a los tiempos de secado, después mencionó los diferentes programas y después aludió a otras opciones que nunca entendí. Pero a los fines prácticos quedó bastante claro que mis opciones eran sacar la ropa mojada o quemada. Una de dos.

Minita del Service: Pasa que si el hombre del service no le encuentra fallas es porque la unidad funciona perfectamente y el problema debe estar en otro lado… ¿me entendés?

Mauro: (interrumpo su sermón embustero) ¿Lo que vos me decís es que es un problema de la ropa? ¡Claro! ¡Tendría que comprar ropa ignífuga! ¿Cómo carajo no ando por la vida disfrazado de bombero voluntario? ¡Qué pelotudo que soy!

Minita del Service: No, no… pero lo que digo es que quizá tenés que estar atento para…

Mauro: ¿Perdón? ¿Atento? ¡Atento como quien abre el horno para controlar el punto de cocción de la carne! Estamos todos locos, hagámosla corta…

Ahora la que interrumpió fue ella.

Minita del Service: No te podemos cambiar la unidad… puedo mandarte a otra persona para que la vea pero…

Mauro: Quedate tranquila, no quiero que me cambien la unidad ni quiero que me devuelvan la plata.

A esta altura Minita del Service no entendía nada. Quizá pensó que era un buscapleitos solitario que, cansado de llamar a las 0600 de contactos, se encargaba de hostigar a los servicios de atención al cliente buscando un poco de atención y cariño.

Minita del Service: Entonces no entiendo tu reclamo…

Mauro: Quiero que lo promocionen como lo que es. Un lavaquemarropas.

Minita del Service: jajajaja

Mauro: Al menos hasta que termine de pagar este aparato en julio, quiero que salga en los folletos como lo que es: un lavaquemarropas.

Minita del Service: jajajaja

Mauro: No es joda. Pronto te vuelvo a llamar para ver cómo hacemos con esto.

Y colgué, como en las películas, sin esperar el “chau”. Me pareció que eso le daría más memorabilidad a mis palabras. Ahora sólo pienso en la implementación de mi plan macabro, pero mientras tanto, y para que nadie más caiga en este embuste capitalista, voy a dejarles algunos tags.

Mi lavasecarropas Ariston me cagó la vidaPor culpa de mi lavasecarropas Ariston voy al psicólogo hace 3 añosQue haya paz en el Mundo y que Ariston no haga más lavasecarropas Cambio lavasecarropas Ariston último modelo por un Drean y un Koh-I-Noor Desde que compré un lavasecarropas Ariston los calzones blancos me quedan amarillos aún antes de palometearlosSi tu novia no te calienta comprate un Ariston Spiedo Ariston.