lunes, septiembre 29, 2008

Un día en la vida de...

El portero de mi edificio es uno de los mayores delincuentes jamás vistos. Bajo la fachada de un salteño simplón se esconde uno de los seres más maléficos que haya conocido. Hoy este energúmeno disfrazado de buen tipo esperó a que me vaya a trabajar para tocar el timbre de mi morada y hacerle el cuento del tío a mi novia.

- Vengo a recordarles que no pagaron las expensas.
- ¿No las pagamos? Uh, se me habrá olvidado.

Y le pagó las expensas. Acto seguido, sus genes de mujer potenciados por los vaivenes hormonales propios de una embarazada la obligaron a recriminarme telefónicamente el descuido “para con el nido gestacional”:

- Estamos a 29 y no pagaste las expensas…
- Sí que pagué las expensas, ya están pagas hace rato…
- Recién vino el portero a cobrármelas.
- ¿Y le pagaste de nuevo?
- Y sí…
- ¿Qué, qué, qué? (quenanananana…)

Ese ente malicioso había pergeñado un plan macabro y lo ejecutó milimétricamente. Yo estaba atado a mi jornada esclavizante ultimando los detalles de un trabajo, pero por dentro sólo pensaba en reventarle el cráneo con un martillo mientras de fondo sonaba un tema de Phil Collins que me llenaba de paz reconfortante. No podía pensar en otra cosa.

Más allá del disgusto originado, el hecho no hizo más que evidenciar el cerdo codicioso en que me estoy convirtiendo y me ayudó a elaborar la teoría que planteo a continuación: el dinero en la pareja no es sólo dinero, es un factor de control y dominio, un elemento narcótico y sustitutivo. El dinero es la vía de escape a la monotonía. Es el medio que promueve el movimiento esencial de los hombres en el sentido de Heráclito y los filósofos del devenir (esa frase se la dedico a todos los putos de Sociales de la UBA que terminan de cursar Filosofía II a los 43 años y por eso no saben de qué hablo). En “mis años mozos” yo cambiaba de mujer como de calzones, paliando así mis carencias de renovación material. Pero durante la convivencia el desconocido mundo de la fidelidad demanda una tele nueva, una cámara de fotos con un megapíxel más, un reloj con más agujitas, o tunear el auto. O tunear a tu mujer. Lo que sea va a estar bien. El capitalismo todo y la codicia más exasperada giran sobre las bases de la frustración sexual. Cuando se ponga en tela de juicio la moralidad de la monogamia los cimientos del capitalismo va a derrumbarse. Le pongo la firma.

La cuestión es que, encolerizado, llamé al administrador 4 veces y nunca me atendió. En el primer mensaje dejé mi teléfono para que me llame. Mientras tanto me compré un reloj en Mercadolibre con la convicción de “mejor me gasto toda la guita antes de que alguien me la afane”. Un razonamiento bastante reprochable a la vista de que era el dinero de la cunita del bebé. En el segundo llamado opté por la vía de la ironía (“¿Pero en qué cabeza cabe que venga el portero a tocarme el timbre porque no pagué las expensas? De ahora en más que sólo me toque el timbre para informar un incendio o el derrumbe del edificio. Desde ya muchas gracias”). En el tercer llamado opté por la vía de las amenazas y en el cuarto pedí disculpas por el exabrupto (“Estaba muy nervioso cuando dije que los iba a matar a todos si no me atienden el teléfono…”). Finalmente, y como detalle anecdótico ante mi teoría revolucionaria, les informo que recuperé el dinero que ese cerdo detestable me estafó y mi reloj nuevo es una bomba mal. Tiene más agujas que costurero de ancianita.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

que grosa teoria! inventaste la polvora che!

Agustina dijo...

te comentó aunque sea con cual de los cuatro llamados intimidantes aceptó su derrota? o fue un mix de todos?

Pablo dijo...

Extrañaba sus verdades. Fisicamente el dinero es lo mas parecido que hay al amor, no es un buen sustituto, pero no hay nada mas parecido.

Prisss dijo...

"...pero por dentro sólo pensaba en reventarle el cráneo con un martillo mientras de fondo sonaba un tema de Phil Collins que me llenaba de paz reconfortante."

Jajajaja!
Saludos!

Minister dijo...

Lograste soltarme una carcajada a las 4 am. Mañana tengo que ir a laburar a Ituzaingó desde las 9 am (fijate que no era tarea fácil hacerme sonreír).

Aún así con tu reacción de - ¿Qué, qué, qué? (quenanananana…)-, me reí tanto que tiré el papelito que tenía en la mano en el cesto de ropa sucia y casi meo en la heladera.

Anónimo dijo...

La última obra de arte del nuevo milenio. Este es un Sr. Post.
Me copó.
Lau.

Anónimo dijo...

La culpa de la rebelion porteristica la tiene la fuckin novela mersa de Suar "Por Amor a Vos". No hay dudas de eso.
Antes te respetaban, ahora si te pueden manguerear la ropa cuando salis para laburar, lo hacen sin pudor y ponen la mejor cara de giles...

Anónimo dijo...

Yo antes no entendia por que la del septimo odiaba a Daniel (el portero, obvio.) Ahora si la entiendo.
Lau.

M. dijo...

anónimo: gracias, ahora decime donde estás así te meto la mecha por el culo y detonás.

agustina: no sé, nunca me devolvió los llamados. Se la pedí al portero.

pablo: la Play 3 anda por ahí nomás. Aunque pensándolo bien sería lo más parecido a un vibrador para hombres.

prisss: lo peor es que todavía tengo esa imagen, en la escalera del edificio, y Phil cantando sólo para mí.

minister: espero que los malones no lo devoren y que, llegado el caso de mear en la heladera, no muera electrocutado porque su imagen rostizado y con la chota afuera daría la vuelta al mundo.

Lau: no será mucho??

anónimo: este sátrapa demoníaco me niega el saludo y a mi novia le manguea cosas. Estamos todos locos.

Anónimo dijo...

al encargado de mi edificio le cagaron el fato hace rato ya, pagamos en el frances (que es mas fayon y que te queres matar xq los cajeros estan sin vida hace rato), ahora no puede ir tan seguido al bingo....