miércoles, diciembre 20, 2006

Los 4 nuevos flagelos femeninos.

Cansados de oirlas decir que “no hay hombres” sin esgrimir prueba alguna al respecto, es justo demostrar el llamativo descenso cualititativo de esos seres portadores de vagina, otrora llamados mujeres. Quien desde aquí suscribe a la causa, afirma que el advenimiento del siglo XXI fue testigo del surgimiento y, en algunos casos, la ratificación de 4 nuevos flagelos femeninos en la franja de 20 a 30:

La Machona: quizá en su afán de imitar los roles laborales masculinos y fomentar la igualdad entre los géneros, es llamativo el aumento de marimachos. Fumadoras empedernidas que mastican facturas con la boca abierta, mascan chicle haciendo ruido y recurren al aseo personal día por medio, la marimacho cree que lo suyo es una “actitud”, ignorando que lo suyo es la no obediencia a una imposición social arraigada en el buen gusto. Más cerca del Olé que de la Para Ti, la marimacho llega sudada al trabajo, se pone desodorante a bolilla en la axila y esgrime “Qué lorca!”. Cuando se la regaña, la marimacho chista y hace una mueca de desprecio. En su extrema ignorancia, la marimacho confunde el pisar firme con caminar como un orangután. Curiosamente, estos primates en polleras tienen mercado entre algunos hombres pelotudos, motivo por el cual esperar un cambio de ellas es una utopía.

La No Sé Qué Quiero (de ahora en más “NSQ”). La NSQ es la que vive indagando sobre sí misma. Sola o con la ayuda de un psicoanalista -que en el mejor de los casos tardará 2 años en descubrirle algo que leyó en un libro- la NSQ no logra nunca descubrir cómo es, qué quiere o hacia donde va. En resumidas cuentas y muy a su pesar, la NSQ no sabe nada de sí misma. La menor muestra de confianza con una persona es la oportunidad perfecta para iniciar su discurso: “Porque yo soy así”, “porque yo quiero esto”, “porque yo pienso esto”, como creyendo que compartir sus creencias y pensamientos con alguien la obligarán a mantenerse en esa postura por un tiempo mayor a los 2 días. Cuando su esquizofrenia la muestra optimista, la NSQ se convence de que su inadecuación al mundo proviene del hecho de ser la solución a un problema aún no surgido. Pero la realidad es que es ella el problema. Todavía no sabe si lo suyo es el hábito o el conchero. Si se casa el año que viene, o ser una solterona de por vida. No se decide entre hacer un Master en Canadá o casarse con un viejo que la mantenga. Si ser hija ejemplar u oveja negra. Su estado constante de dubitación transforma todo tipo de involucramiento con ella en un suplicio.

La eterna amiga: Este subgénero admite 2 variantes totalmente opuestas. Por un lado la “eterna amiga por opción” (EAO), que es aquella que a los 24 años ya se sabe que perdió definitivamente todo interés en formalizar con un hombre. Sus relaciones son “Touchs & Go´s” constantes porque la prioridad en su vida es no perder nunca “el Sábado con las chicas”, todas adherentes a este subgénero tradicionalmente masculino. Horrorizada porque un chico le regala flores, la “EAO” decide cambiar el celular al otro día. Del otro lado está la eterna amiga incongruente (EAI), perteneciente a un grupo de solteronas que “matarían” porque un hombre les dé pelota. Su mayor problema no suele ser su fealdad, sino su total desconocimiento sobre lo más básico del género masculino. Aquella que consiga sostener un noviazgo por más de 2 meses logrará erigirse como líder del grupo y tomará la palabra en rondas etílicas. Los Sábados sustituyen la necesidad de hombres con 4 latas de cerveza en un bar alejado del circuito cool. El Domingo la carencia se subsana con sendas porciones de torta en La Parolaccia Dolce & Café. El Lunes, el acné por la torta y la grasa localizada en el abdomen por la cerveza transforman su objetivo en una meta aún más lejana.

La “Persigue objetivos” fija metas y las logra con la tenacidad de un misil SCUD. Una vez terminada la carrera universitaria en el tiempo previsto y con un promedio de 9.6, la P.O encuentra trabajo en la empresa que siempre anheló, en el puesto que siempre soñó, y con un sueldo mayor al que pretendía. Se repite con orgullo asqueante “yo logro todo lo que me propongo” y a decir verdad, es así. A diferencia de la gente común, la P.O hace una cosa por vez. Pero no nos ilusionemos: no por imitar su modus operandi vamos a lograr sus resultados. Este robot con senos posee un chip mitigador de pasiones y sentimientos. Y sin embargo aún no se haya explicación alguna para el hecho de que en cierta etapa de la vida, pone como objetivo la concreción del amor. Obviamente su falta de experiencia en estos menesteres determinan su incapacidad emocional. A pesar de eso, mediante una estrategia friamente calculada, la P.O logra el hombre que quiere e incluso es capaz de arrebatárselo a otra mujer de un modo ruin y salir indemne a la mirada social. Nunca nadie se dará cuenta, pero en cierto momento, la P.O descubre que su hombre no es el que quería. Ni su trabajo. Ni su carrera universitaria; pero la P.O nunca da marcha atrás. Esa frustración es la que brota por sus poros y nos hace preguntar a los demás “¿Por qué si es tan perfectita vive con esa cara de culo?”.

Esta guía sería ideal si explicara como tratar con cada una de ellas, pero el problema radica en que cada vez veo más de esto y me da terror, porque los hombres creemos estar preparados para “otros” flagelos femeninos: la apurada, la hipersensible, la del prontuario frondoso y tantas otras. Pero no para estos. También me pasó de sentir lástima cuando estoy altruista o asco cuando estoy intolerante. Y una bronca inmensa cuando las oigo decir que no hay hombres, porque encima de todo, perdieron la autocrítica.

Extraído de un Fotolog


























tetonaaaaa que haces madre bueno no te conozco pero sabelo q te tiro leche descremada en las gomas y te las chupo hasta q el docke salga campeon de la libertadores. Estas mas buena q jugar al futbol tenis en la playa... te la pongo hoy y te la saco el lunes... aguante tus tetas. Y aguante el rojo

Glorioso. Pura Lírica.

viernes, diciembre 08, 2006

Etapas en la vida de todo hombre

Hay una etapa en la vida de todo hombre donde la mujer es un ente incomprensible. Firmemente creemos que debe haber una hecha para nosotros en algún lado, sin embargo todo lo que conocemos nos parece incompleto, inentendible o inalcanzable.

Durante esos 40-45 años, los hombres, simplemente nos conformamos.