lunes, agosto 21, 2006

De ahogar gente y pincitas de depilar

xxx dice:
yo necesito ahorcar a alguna voy a tener que pagar
xxx dice:
para eso
xxx dice:
o ahogarla
xxx dice:
en la pileta
xxx dice:
de lavar los platos
Mauro dice:
que lujooooooooooooooooooooooooooooo
Mauro dice:
en el inodoro como rocco
Mauro dice:
y tirar de la cadena
xxx dice:
que lujo
xxx dice:
que calentura inmanejable
Mauro dice:
yo compré pinza para depilarme el cavado en el trabajo
Mauro dice:
ya fue todo
Mauro dice:
no hay vuelta atrás de eso
xxx dice:
que mierda hicisteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
xxx dice:
como te vas a depilar en el laburo
Mauro dice:
No es solo recortar, el laburo bien hecho requiere pinza
xxx dice:
hacete el conejito de playboy ya fue

El amor es puro cuento.

No sé bien qué fue lo que pasó. No sé si debo atribuírselo al advenimiento del siglo XXI o a un cambio de paradigmas. Si se debe a los nuevos roles que asumieron las mujeres, o si es un tema de la edad, pero los tipos de mi edad estamos cambiados. Quizá sucede que nos volvimos neo-maricas (concepto acuñado por el genial Chiche Gelblung). No lo sé, pero hoy los que estamos cerca de los 30 no tenemos reparos en expresar sentimientos, deseos de paternidad, de reconocer que perdimos el instinto cazador jugando al truco un sábado a la noche en el que nos juntamos 4 amigos, no para ver minas, sino a charlar y tomar algo en el living de una casa con el tano, el vasquito, el chino y el gordo Pablo, que está planeando su boda para el año que viene. En el transcurso de la noche uno desliza que el jabón en polvo subió $1.30 en lo que va del año y los otros asienten. Está claro que todo está perdido: somos perros castrados.

¿Qué mierda nos pasó que nos volvimos tan repelotudos? ¿Ya no nos da ni un poquito de envidia que el Facha siga “en la pavada del gimnasio, la cama solar, la ropita y de cojerse una rubia siliconada distinta cada fin de semana”?

Pareciera que el compromiso ya no nos asusta. Sin embargo, la observación y la experiencia me demostraron que el amor no es el móvil exclusivo que nos lleva a sentar cabeza, a formalizar, a convivir, a armar un proyecto de vida, o cualquiera de esas cuestiones históricamente de mujer y/o de aputosado pollerudo dominado. El amor puede aparecer después (en el mejor de los casos), pero creo que es necesario que las chicas sepan y que los chicos reconozcamos que en la “inmensa mayoría de las veces” nuestros móviles son los siguientes:

1) Pérdida de atributos físicos.

Si viniera Dios y nos garantizara envejecer con la apariencia de Richard Gere, no nos comprometeríamos. Aceptémoslo. Ni hablar si además de su apariencia, nos garantizan su fama. Un día llegamos frente al espejo y notamos que nos faltaban unos cuantos pelos y que una prominente barriga cervecera asoma donde supo haber abdominales (en el 91). Hoy la única marca que tenemos en el abdomen proviene de una apendicitis. ¿Y a dónde se fueron esos pelos? Quizá están en la espalda, fijate bien. Sabemos que siempre hay uno “más sonado” que nosotros, pero a decir verdad, no queremos arriesgarnos porque la situación siempre tiende a empeorar.

2) Caímos en la realidad: no vamos a ser millonarios.

Nos dimos cuenta que estadísticamente hablando hay muy pocas probabilidades de seguir los pasos de Bill Gates o Donald Trump y sabemos que el casi octogenario Franco Macri no anda con veinteañeras por su sex appeal. Nos tenemos que conformar con lo que está a nuestro alcance: una bruja que amanece con la cara verde y que si bien le plantea una batalla sin cuartel a la celulitis con sus cremas importadas, en el fondo todos sabemos que es una batalla perdida. Y digo "todos" porque a la semana de conocerla le contamos a los chicos lo que vimos cuando se sacó la ropa. Y porque todo se corroboró un día que se puso un pantalón de vestir beige apretadísimo y los chicos la vieron. Y ya fue. Lo aceptamos así. Porque otra no nos queda (remitirse al punto 1) y porque no nos aguantamos la soledad.

3) Perdimos la destreza para el "deporte".

Un día entramos al Bar, hablamos con 5 y ni una nos dio pelota. Otro día entramos al Bar y no nos animamos a hablar con ninguna. Otro día hablamos con 2 y las 2 tenían novio. Nos invadió el terror y tomamos cartas en el asunto: llamamos a esa que habíamos conocido hace 2 meses. Antes no daba para más de una salida, ahora es la mujer ideal. Las cosas como son.

4) Los chicos formalizaron.

“¡La re puta madre que los parió! ¡Se están casando todos!”. Reconozcámoslo: los hombres tenemos pavor de ser el último del grupo en conseguir novia. La sola idea de no tener con quién salir un sábado a la noche porque todos los chicos se fueron al cine a ver una de Adam Sandler o Jennifer Aniston con la novia nos hace recorrer un escalofrío por el espinazo.

5) Problemas de salud, sentimentales o laborales.

Aunque una amplia porción de la muestra sea dependiente “per se”, la debilidad nos hace dependientes a la totalidad del Universo de hombres de entre 25 y 30 años. (Ok, a los hombres propiamente dichos). Una dolencia crónica hace que el hombre enfermo no compatibilice con el “touch & go” en términos de conveniencia. Sin embargo, una novia formal puede llegar a adorar cocinarle sin sal a su novio para evitar que le suba la presión, alcanzarle el inhalador a su novio asmático a las 4 AM o volverse experta en insulinas. ¿Y si ese hombre perdió recientemente a un ser querido, fue echado de su trabajo o atraviesa una crisis?. ¿Y si es depresivo patológico? No hace falta aclarar.

6) Ella tiene plata.

Nos llegó la revancha a los hombres. Cada vez escucho más y más y casi sin vergüenza alguna que el abultamiento de la cuenta bancaria de la señorita en cuestión pesa en la balanza lo mismo -o más- que la consistencia de sus glúteos, la generosidad de sus senos o la calidad de su fellatio (tirada de goma). “Tiene un plasma de 42 pulgadas en el living”, “Es dueña de media Patagonia”, “Es la hija de...” son algunas frases que escuché en el pasado cercano y hoy son parte del Prime Time en charlas de hombres al referirse a sus conquistas. En el medioevo, los casamientos se celebraban por conveniencia e interés. Hoy los inmuebles están dolarizados. Capaz es entendible.

7) Despecho.

Tu ex, a la que aún no superaste, está noviando y temés que una noticia de convivencia, compromiso o casamiento, te agarren desprevenido. No queda otra opción que estar a la defensiva: sentar cabeza y formalizar no es la solución, pero sabés que es un buen paliativo y también sabés que es mejor prevenir que curar. Lo importante es que tu nueva chica no sepa nada de esto. Aunque seamos sinceros: a veces lo saben y lo aceptan así. También está la posición ofensiva consistente en transformarse en el Novio de América con el sólo objetivo de provocar el suicidio de esa cerda prostituída que cometió el desubique de abandonarnos.

Estadísticas y Conclusiones:

1) El amor sincero solo se da en 1 de cada 8 casos.

2) De cada 24 mujeres que creen ser amadas, sólo son amadas 1,65.

3) 5 de cada 3 plantearán un imposible matemático que los científicos debatirán por años.

4) 3 de cada 4 no llegarán a leer el final.

5) Pero ninguno de esos 3 tenía nada mejor que hacer.