lunes, marzo 20, 2006

Una Breve Historia de Argentinos Buenos y Malos.

Una breve historia de argentinos buenos y malos (Interpretación de "Historia de una Pasión Argentina" de Eduardo Mallea)

Tema habitual de la literatura nacional aquello de “lo argentino”. Pero ¿qué es lo argentino?. En este sentido lo único que podemos afirmar con certeza es la ausencia de respuestas absolutas.
Al referirnos a este tópico, es imposible ignorar a Sarmiento. El padre de la educación nacional no puede ser ignorado, no sólo por ser posiblemente el primero en escribir sobre lo argentino en su obra “Facundo, civilización y barbarie”, sino que sus ideas, para bien o para mal, a nadie dejan indiferentes. Domingo Faustino Sarmiento tenía un ideal de país a imagen y semejanza de un proyecto de exclusión. Para conseguir la patria que él anhelaba no importaba “cuanta sangre de gaucho hubiera que derramar”. En lo personal deduzco que Sarmiento no pretendía eliminar la cultura nacional, por lo tanto quizá la cultura nacional no se encuentre en lo autóctono y si no es ello lo argentino ¿hay que ir a buscarlo a otro lado? ¿hay más de una cultura argentina?. Posiblemente hasta tengamos que enarbolar las banderas de más de una cultura y es ahí cuando el panorama se vuelve más confuso.
Sería muy ingrato de nuestra parte negar el aporte de los colonizadores primero y de los inmigrantes después. Aunque también debemos recordar que la evangelización vino apenas después de descubierta la mentira del oro y la gloria personal. No olvidemos que a nuestras tierras vinieron aventureros y conquistadores, no escritores, filósofos y sacerdotes.
Es así como uno concluye que lo más inteligente sería concebir a la cultura nacional como un nexo, una transformación de dos componentes y no como una oposición de esas que tanto nutrieron a nuestra cultura a la manera de peronistas o radicales, Boca o River, Quevedo o Góngora, Florida o Boedo, sino lo autóctono con lo foráneo. Y quizá cuando lleguemos a concebir la cultura americana como una mezcla, no por eso inferior a las formas puras, nos preguntaremos si el beneficiado fue el indio que se civilizó o el europeo que se naturalizó, y nuevamente estaremos incurriendo en el error inicial.
Al respecto, Eduardo Mallea, escritor y pensador al mismo tiempo, analista de la realidad argentina y genial literato, esconde tras sus imágenes y descripciones verdaderos estudios de la psiquis humana, cuyas reflexiones lo llevan a marcar sus obras con una nota de angustia que sin embargo no llegan a la desesperanza. En “Historia de una pasión argentina” Mallea nos propone un planteo de lo más interesante: el de la Argentina visible y su opuesto, -cuando no- la Argentina invisible. Del primero, cargado de connotaciones negativas, afirma que es un pueblo que se protege antes que darse, como aventureros decepcionados ante el desengaño material de estas, nuestras tierras, hacia la cual aún debe haber más de un rencor. Es el argentino del representar, el argentino sin fines, con el descontento normal de una persona que en el fondo se reconoce como traicionera y mercenaria. El que asimila culturas ajenas sin seleccionar ni modificar; si se me permite un término posmoderno prestado, sería el argentino “light”. Lo dicho puede parecer xenofóbico o intolerante, pero el único riesgo que recalco es el miedo de que estos modifiquen el destino de las almas sin corroer.
Del otro lado tenemos al argentino que se debe a su tierra, aquel que se siente perteneciente a su suelo y no al revés: dueño del mismo. La esperanza está encarnada en el argentino invisible. Este hombre es capaz del progreso más allá de lo físico, en el sentido más humano. Este es el verdadero argentino, el que construye la cultura nacional, no sin dificultades, el que busca ser, no representar, el solidario, el argentino auténtico y el mismo que está en potencia en cada uno de nosotros, porque tanto uno como otro habitan en esta tierra de abundancia y escasez. Aquí encuentra Mallea el argentino valioso, en una manera mucho menos pomposa o presuntuosa que Sarmiento, como desconociendo que el Inca Garcilazo de la Vega en su madurez se cuestiona si es noble o inca, inclinando la balanza para el lado más rústico, modesto y sencillo, aunque no por eso de menos peso. Todo esto nos deja unas cuantas enseñanzas si se me permite la interpretación. Y es que no necesariamente el mayor o menor reconocimiento determine la envergadura de una creación. Tampoco lo aparente o los títulos personales, sino que posiblemente esté en lo simple, lo silencioso o lo invisible, aquello que no se expresa, aquello que se siente, aunque no todos pueden sentirlo. Quizá esa sea la salida a esta Argentina visible que impera hoy. Al menos me gustaría creer eso.

Mauro

1 comentario:

Anónimo dijo...

Che, Mallea es tu papa?
bueno, un poco de humor por favor (argentino) que sé que lo tenés. Qué lindo escribís, las boludeces y las no tanto. Gracias