martes, marzo 28, 2006

Somos impunes, manejamos un beeme.

El usuario de BMW es en la mayoría de los casos un bribón, creído, grasa, maleducado, mal hablado, negrero e ignorante. Suele sentir afición por las confiterías gateras situadas en avenidas en las cuales pueda dejar su beeme estacionado a 45 grados al alcance de su vista. Una vez sentado deja la llave del auto (aunque no es un auto, "es un beeme") sobre la mesa, marca un número en su celular y comienza una charla a los gritos con su mujer ("la bruja"), su secretaria ("qué cara me sale esta putita"), su noviecita de 25 ("qué orto tiene la pendeja"), alguno de sus abogados ("qué necesarios son estos buitres") o alguno de sus empleados ("las mulas que la entran al país"). Antes de retirarse, saca su fajo de billetes envuelto en una bandita elástica, se echa un sorbo de la soda de cortesía que vino con su café y paga sin dejar propina.

En resumen: Un pitocorto que nació para generar asco y ser aborrecido por la gente observadora del buen gusto y las buenas costumbres.

Cada vez que voy a lavar el auto en mi lavadero predilecto, lo noto. Aún cuando el lavado valga lo mismo para un Renault 12 que para un BMW, el usuario de BMW, enfundado en una camisa Polo abierta hasta el cuarto botón, un Rolex tan grande y dorado como su pelada ceborreica y un Nextel reluciente atado a su cinturón, siempre exige un tratamiento especial: encerado, pastas de pulir, limpieza del lado interior de la llanta, que enjuaguen el trapo una vez más antes de pasárselo, etc. Obviamente, no deja propina ya que su único trato con la clase baja es siempre en modo tan imperativo como distante y frío. También es común verlo ocupando 2 cocheras en los garages de los shoppings, ya que los "beemes" no pueden estar "entre nacionales" porque "la gente común es muy resentida".

Carlos (una excepción a la regla) cometió la irresponsabilidad de irse a Méjico y dejar las llaves de su auto en manos de Juan Pablo. Un BMW 325 bordó con tapizado beige y caja automática modelo 94. Peor no podía ser, "pero es un beeme". Juntos salimos a descubrir si unas pocas horas a bordo de un BMW nos transformarían en esos bribones de pito corto.

Primer contacto con el auto: Los colectiveros me trataron mejor de lo que esperaba, solo uno me tiró el vehículo encima. 2 taxistas respondieron desmesuradamente por un par de maniobras entorpecedoras. Varias mujeres nos miraron más dedicadamente de lo que nuestra belleza natural ameritaba y algunos que otros nos miraron con más odio del que nuestras maldades merecen.

En eso, aparece la primera oportunidad de romper el hielo. Un viejo mira desafiante, cruza en rojo por delante nuestro y a paso de anciano observa con su mirada pérfida.

Le paso lo más cerca que puedo y le grito: "pero no ves que soy impuneeeeeeeeeee!!!! Manejo un beeme".

De eso se trataba, de creérsela.

Luego de esto, recogimos a un amigo, al cual le explicamos de qué trataba el experimento. Al instante entendió. Fuimos a cargar nafta, pagamos y nos retiramos sin dar ni propina ni las gracias. Si bien a cada rato nos excusábamos diciendonos entre nosotros "vos sabés que lo digo solo por el experimento, no?", el jueguito seguía.

No los pude convencer de tomar una cama solar furiosa antes de seguir con el experimento, pero sí de ir los 3 con el vidrio bajo y la manito afuera, aún cuando se largó una leve llovizna.

2 chicas miraron en un semáforo así que las invitamos a subir al auto. Siempre en modalidad "bribón". Ante la negativa, nos despachamos con un "Entonces caminen... Pobres!!" Exigí ver cuánta plata sumábamos en nuestras billeteras: una miseria, ni viene al caso, pero había más discoplus que american doradas. Pero ellas no lo sabían.
Nos adentramos en Las Cañitas. Pasó un BMW X5 V8 que sextuplicaba el valor de nuestro BMW. "Este es del palo" coincidimos.
Más adelante un remate despertó una carcajada: "Dame bola... sabés lo que me costó llegar a este auto para compensar mi pene pequeño..."
Y aún más adelante la frase fue un "Me vas a decir que le podés decir que no a un paseo en beeme y una cena de sushi... dejémonos de joder!". Luego siguió un "Yo cagué a 3 hoy, vos barbita?", siempre desde la impunidad del beeme.

Tras casi 90 kmts de recorrida y una lista interminable de frases y ocurrencias olvidadas, ya nos creíamos el personaje y nos estaba gustando. Decidimos abandonar el juego antes de terminar arribando a una conclusión que se avecinaba: ser un bribón, basura, creído, hiriente y maleducado, "es" malo. Pero no "está" tan malo. Es un poco adictivo. Y hasta divertido. Desde un simple garca de oficina, hasta un trepador serrucha pisos; desde aquel compañerito hiriente de la primaria hasta esa pareja sádica y hasta el más importante de los políticos corruptos que haya metido la mano en la lata ya lo sabían.

5 comentarios:

ckozus dijo...

Genial el ralato de las andanzas, te pasaste!

"Varias mujeres nos miraron más dedicadamente de lo que nuestra belleza natural ameritaba y algunos que otros nos miraron con más odio del que nuestras maldades merecen."

Un exquisito párrafo con claras influencias dolinescas.

M. dijo...

Sabés que nunca oí a Dolina?

Pero ni 2 minutos. No sé ni qué hace.

Pero Gracias!!!

ckozus dijo...

Muy mal lo tuyo, El Negro Dolina, músico, autor, conductor radial y muchos etc. que son pocos para definirlo.
Su página oficial con una descripción de lo que hizo y hace: http://www.elnegrodolina.com.ar

Anónimo dijo...

Nooo... si es cierto que nunca leyo/oyo a Dolina, entonces seria conveniente que no lo haga... Porque se contaminaria(ojo no en el mal sentido, me encanta Dolina y ese pasaje en efecto es Dolinesco) su estilo, el de Mauro. Salu3,.
Alex Rompebolas.

Anónimo dijo...

Dolina es un boludo. Encima esta todo operado. Este blog es otra cosa.